De más está repetir todo lo que se dijo en el discurso de toma de posesión del Presidente Constitucional de la República de El Salvador, Mauricio Funes, o querer sacar conclusiones precipitadamente ansiosas de lo que se dijo o de lo que se haya omitido en el discurso mismo.

A todas luces está que debió haberse dicho mucho más y más duramente a los malos gobiernos de Arena que asolaron y dejaron en bancarrota la economía de un El Salvador que ha sido vilipendiado con toda clase de castigos impuestos por una élite burguesa, en una vorágine mercantilistóide encabezada por los funcionarios de gobierno mismos, pues la deuda y el déficit fiscal que hereda el presente gobierno de la administración Saca es bastante paupérrimo y lleno de vacíos y vicios.

Lo malo de querer analizar un discurso tan transparente es caer de lo sublime a lo ridículo al querer hacer el papel de oráculo de día lunes, pues lo dicho, dicho está, y bastante claro por cierto.

Los que nos atrevimos a acudir a las urnas para apoyar esta nueva gesta de cambio era lo menos que hubiéramos esperado de él pues todos le conocíamos a través de sus programas de opinión y sabíamos su forma de pensar.

¿Que no se dijo que tuviera que haberse dicho o que se dijo que no debería haberse dicho?

Por el lado de la izquierda probablemente se hubiera esperado algo más recalcitrante.

Por el lado de la derecha probablemente se dijo menos de lo que se debió haber dicho pero lo poco que se dijo fue suficiente para dejarle saber a las argollas que se les acabó el ciclo de las prebendas y prerrogativas a un pequeño grupo de ungidos oligarcas.

Por parte de la Fuerza Armada se podrá haber recibido con desasosiego la elección del actual Ministro, ex militar retirado, pero que a la larga deberán de entender que el cargo en cuestión obedece a mandato expreso del Comandante General y cuya designación podría haber caído inclusive en un civil o en una mujer.

Para los analistas políticos, pseudos analistas, aprendices de analistas, falsos profetas y los de pluma dolarizada (sin principios ni mucho menos ética) hay material suficiente para que hagan todo tipo de elucubraciones y se den gusto despotricando en sus escritos los miedos y temores que ocultamente yacen incrustados en el fondo de sus corazones y que no les dejan dormir.

Yo, como simple mortal, entiendo que lo que Mauricio Funes (nótese que no me refiero a él con las connotadas frases de presidente electo, elegido o en funciones) dijo en su discurso fue lo siguiente:

“Estoy dispuesto ha hacer lo que se supone que cualquier otro gobernante con cinco dedos de frente debería haber hecho y que voy a invertir el presupuesto de la nación en lo que debería de haberse invertido desde hace mucho tiempo: salud, educación, seguridad, bienestar social, infraestructura, desarrollo y evitar el despilfarro en gasto superfluo y suntuoso, en publicidad tabloide y en otros rubros ligados a la corrupción del estado”

Porqué de algo si estoy seguro, y es que luego de 517 años luego de que Cristóbal Colón viniera a América, finalmente el pueblo salvadoreño despertó de su letargo y finalmente decidió acceder al poder a un partido con un candidato cuyos esfuerzos están íntimamente ligados al pueblo y a sus raíces.

¡Le tomó 517 años a El Salvador para optar a una alternativa de gobierno de izquierda!

Una nueva página de nuestra historia se ha abierto y esperemos en Dios que le ilumine y le proteja y que le permita cumplir con la misión que como pueblo le hemos encomendado y que como hijo suyo le ha delegado.

¡Que nuestro Dios Todopoderoso te ilumine en tu gesta Mauricio Funes!