Podría definirse como un malentendido sistema económico basado en un ideal pro mercantilista cuyo origen se fundamenta en un aparato de estado esclavizado y servil a la voluntad de grupos económicos con un apetito digno del más vil de los depredadores, despótico y voraz, que tergiversa y trastoca los cimientos de una incipiente democracia en la que se presupone la supremacía del interés de las mayorías antes que la de pequeñas elites de poder.

Desafortunadamente, el derroche de prebendas y dádivas económicas es de una escala tan desmesurada que terminan corrompiendo a los políticos ineptos e incompetentes que ellos mismos promueven al poder para detener con sus manipuladores tentáculos todo aquellos que les signifique el más mínimo indicio de crecimiento en la voluntad y sentimientos nobles que tiendan a emancipar a las clases populares de sus ataduras económicas y de sus ataduras ideológicas.

La semántica más pura de la verborrea oligopólica que emana de las fétidas fauces del partido ARENA y de todo lo que ello representa trata inexorablemente de vender como bueno todo aquello que ha sido evidentemente repudiable, trata de vender sueños donde únicamente han existido pesadillas, tratan de vender confort donde únicamente ha existido miseria, tratan de vender justicia donde únicamente han existido vejámenes.

La domesticación de voluntades ha tenido su más fértil pradera en un malentendido patriotismo de los principales medios de comunicación y de sus propietarios, quienes no han vacilado en degenerar su rol periodístico en un amarillismo publicitario que se dedicó al adormecimiento de las masas y al envenenamiento social de sus mentes, cuales Judas Iscariote, a cambio de un puñado de malditas monedas que arrastraron al país a su más grande expresión de decadencia social, al olvido de los valores morales más fundamentales y le encaminaron en una vorágine surrealista de pensamiento en el que idolatraron al dios mercado como el más digno ejemplar del carcinoma putrefacto de una sociedad aletargada por los fútiles placeres del consumismo, que terminó hipotecando sus vidas y las de sus descendientes a manos de un puñado de emporios financieros estercoleros que guillotinaron, depredaron, robaron, extorsionaron y chantajearon a sus ya aletargadas víctimas.

El Salvador sin embargo ha logrado iniciar un proceso de reconversión de ideales sociales y de valores sociales, ha optado por el cambio representado y puesto en manos de un nuevo mandatario, llámese Mauricio Funes, cuya alianza con un partido que presupone ideales mucho más polivalentes y sinceros (llámese FMLN), con apego a la dignidad del individuo y con respeto a sus ejes doctrinarios, a los de la legislación vigente y a los de una iglesia que vio en Monseñor Oscar Arnulfo Romero al más distinguido representante de Jesucristo en esta tierra, espera obtener frutos acordes a esta voluntad y a esos sacros principios de igualdad social o al menos obtener los frutos de un gobierno que aspire a no dilapidar los recursos estatales y ejecutar con fervor los más elementales postulados de lo emanados de la carta magna de nuestra nación.

El neoliberalismo en El Salvador no ha sido más que el libertinaje en el mercado en el que se ha cometido a la vez la más flagrante inexactitud dogmática del principio per se como lo es el libre mercado. Los gobiernos del partido ARENA han sido los promotores del más vil de los vejámenes contra todo lo que signifique libre competencia pues ellos mismos han intervenido flagrantemente el mercado para favorecer a los oligopolios con toda clase de legislación y exoneraciones fiscales que han llevado a la ruin a miles de honrados y emprendedores empresarios que han visto coartado su derecho de participar abiertamente y bajo condiciones igualitaria en un mercado oscurecido por los aberrantes signos de un proteccionismo estatal perverso.

¿Neoliberalismo o charlatanería? … uhmmmmm?

Estemos alerta y pongamos nuestra fe en Dios que el gobierno de Mauricio Funes tendrá como aristas lo que él mismo prometió en su discurso electoral:

La Biblia, la Constitución y una mano extendida en pro de los más necesitados.

¡Que Dios te ilumine y te de fuerzas, Presidente!