¿Apetece usted un Alacrancito en salsa?

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  1. Try Star Fish fried in shark oil
    (Estrella de mar en aceite de tiburón)
  2. Baby Sharks, Deep Fried Star Fish & Sea Urchins
    (Tiburoncitos, estrella de mar frita y erizos de mar)
  3. Turkey Vulture, Schnitzels , Sea Snakes and Silk Worms
    (Buitre de Turquía, escalopes, serpientes de mar y gusanos de seda)
  4. Snake about to be grilled
    (Culebra lista para ser asada)
  5. Dog Liver with Vegetables
    (Higado de perro con vegetales)
  6. Goat Lungs with Red Peppers
    (Pulmones de cabra con chiles rojos)
  7. Corn with Ginger sauce
    (Maiz con salsa de gengibre)
  8. Mixed Cow & Horse Stew
    (Estofado de Vaca y Caballo)
  9. Black Scorpions, Silk Worms,  Cicadas and Dung Beetles
    (Escorpiones negros, cicadas, gusanos de seda, escarabajos estercoleros)
  10. Scorpion Brochettes
    (Brochetas de escorpión)
  11. Lizard Legs
    (Patas de lagartija)
  12. Dog Brain Soup
    (Sopa de sesos de perro)
  13. Oysters, Squids and Iguana Tails
    (Ostras, pulpitos y colas de iguana)
  14. Assorted Scorpions & Beetles
    (Escorpiones e insectos variados)
  15. Scorpions, Crickets and Beetles
    (Escorpiones, grillos e insectos)
  16. Seahorses
    (Caballitos de mar)
  17. Grilled Snake and Silk Worms
    (Culebra asada y gusanos de seda)

Bon Appetite!

Si sorprende a su alrededor a algún niño que saborea cierta clase de insecto, no se horrorice, tal vez esté disfrutando de un manjar y colaborando con el equilibrio ecológico.

Según Gene R. DeFoliart, un ento-mólogo (estudioso de los insectos) retirado de la Universidad de Wisconsin, el hecho de recuperar o iniciar la tradición de ingerir insectos comestibles reduciría el uso de pesticidas y, en consecuencia, la polución orgánica. Sin embargo, tal tradición no pertenece únicamente al pasado o a un futuro hipotético. Palpita actualmente en muchos lugares del planeta, incluyendo a Miami. «Yo presenté una salsa de chicatanas (hormigas voladoras) con chile guajillo sobre filete mignon en el Hotel Biltmore durante el II Festival Gastronómico A Taste of Mexico, el pasado noviembre», cuenta la prestigiosa chef mexicana Susana Palazuelos, quien es autora, entre otros libros, de Mexico the Beautiful Cookbook, con 200,000 ejemplares vendidos. «En Ometepec, en el Estado mexicano de Guerrero, durante el mes de junio los postes de la electricidad se llenan de estas hormigas voladoras. Mueren muy rápido y caen al piso, entonces la gente las recoge para asarlas con limón, o bien las guardan ya asadas para tener todo el año», continúa Palazuelos.

CLINTON COMIO ESCAMOLES EN MEXICO Susana explica que en algunos hoteles lujosos de su país, en los que suelen hospedarse ejecutivos extranjeros, se ofrece un platillo de variados insectos: jumiles (especie de grillos), escamoles (huevos de hormiga roja) y gusanos de maguey. «Cuando el presidente Bill Clinton visitó México, comió escamoles. Es un platillo gourmet, como sucede con los caracoles para los franceses», observa la chef. Los escamoles despliegan diversas posibilidades en la mesa, pues «colocados en una tortilla, luego de saltearlos en mantequilla con epazote y cebolla, se les ponen unas chispas de guacamole. Pero cualquiera se chupa los dedos con una sopa de nopal (cactus), escamoles y gusanos de maguey. En mi país, un buen restaurante de comida mexicana debe tener escamoles durante la temporada, pues son tan apreciados como el caviar», se saborea Palazuelos.

Tal parece que en México la costumbre de disfrutar en la mesa platillos de insectos no es exclusiva de gourmets, sino que se extiende a todos los niveles sociales. Herminia Salvador, una trabajadora doméstica de la ciudad de México, expresa que «la salsa de mariposas es buenísima. Se puede hacer la misma receta con grillitos. Con estas salsas cualquier taquito es comida de fiesta». Si en el país que mencionan Palazuelos y Salvador existe la tradición de saborear insectos, en otras latitudes no se quedan atrás. El fotógrafo Peter Menzel y su esposa, Faith D’Aluisio, recorrieron diversos países con la intención de degustar muchos de los platillos que se elaboran con insectos. Esta peculiar experiencia quedó consignada en Man Eating Bugs.

The Art and Science of Eating Insects, el libro que ambos publicaron el año pasado. Menzel y D’Aluisio dan cuenta de su convivencia al lado de los indios yanomami de Venezuela, con quienes disfrutaron del sabor de la theraposa leblondi, la tarántula más grande del mundo. Este arácnido se asa y después de siete minutos se pela. Una vez que se le hayan quitado las patas, se paladea el abdomen, que es donde hay mayor concentración muscular. La carne es blanca y «sabe a cangrejo ahumado», evoca el autor en uno de los capítulos del libro. HALLAZGOS GASTRONOMICOS La zaza-mushi o larva acuática fue uno de los hallazgos gastronómicos del fotógrafo y su esposa a su paso por Japón.

Sobre este insecto explican que se paladea hervido, y salteado en salsa de soya y azúcar, además de exigir un trabajo laborioso y un precio alto, pues un recolector profesional apenas puede recoger diariamente cinco libras, las que vende a 40 dólares cada una. Los autores observaron que en Camboya las tarántulas se pueden comer fritas y que se les reconoce como un tónico para la virilidad. Del recorrido que hicieron por Indonesia, resulta llamativo un platillo de arroz adornado con pimientos rojos junto con libélulas saladas y fritas en aceite de coco.

Respecto a Tailandia señalan, entre otros insectos, una especie de termitas con las que se condimenta alegremente el arroz hervido. Menzel precisa que China es un país de 1,000 millones de habitantes y que tiene alrededor de 300 culturas diferentes. El autor se asombra de los mercados de este país, donde se venden gran variedad de insectos, muchos de ellos provenientes del cultivo, como los escorpiones que se comen fritos sobre arroz. O bien los escarabajos de agua, que marinados en jengibre y salsa de soya alrededor de una rosa tallada en zanahoria, logran una admirable presentación estética. Menzel también encontró el cultivo de ciertos insectos en Botswana, un país del sur del continente africano.

El fotógrafo refiere que en tal país los gusanos mopane, llamados así porque se alimentan de un árbol con ese nombre, son orugas comestibles que se cultivan por su alta demanda en otros países de Africa. Estos insectos se comen secos y su valor proteico es tres veces mayor al que tiene la carne de res por unidad de peso. Menzel y D’Aluisio cuentan que en ciertas regiones de Australia, los aborígenes tienen gran afición a las larvas de las mariposas nocturnas y que las recolectan escarbando bajo los arbustos del desierto.

La costumbre de alimentarse con insectos está arraigada en numerosos países y puede desarrollarse también en la Argentina: especialistas de la UNLP afirman que existen especies de insectos que son comestibles y tienen alto valor nutritivo. (Insectos y alimento en jornadas de la Universidad de la Plata)

La simple mención de que los insectos pueden ser una importante fuente de alimentación para el ser humano generará, seguramente, repulsión a más de una persona. Pero, en realidad, constituye una comida con alto valor proteico y nutricional, aprovechada en distintas partes del mundo.
Así lo ponen de manifiesto especialistas del Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), donde se dio comienzo a una serie de charlas referidas al tema.

“La entomofagia, la costumbre de comer insectos, fue practicada por distintas comunidades aborígenes, como los mocovíes. Comían langostas, hormigas y piojos. En la actualidad no es una costumbre común en la Argentina, ya que se da más que nada en las regiones tropicales, donde los insectos son muy abundantes”, explicó a Hoy Marta Loiácono, investigadora del CONICET y docente de la Facultad de Ciencias Naturales.

Si bien no existe tanta abundancia de especies para que pueda desarrollarse esta costumbre en Latinoamérica, en algunas provincias de México y de Sur América pueden encontrarse hormigas atta que, según Loiácono, eran comidas por los indígenas, ya que “su abdomen es muy suculento”. También son comestibles ciertas especies de langostas y larvas que se encuentran en nuestro hábitat.

“Los insectos que se pueden ingerir tienen un valor nutricional importante. Poseen alto contenido proteico, mayor que las carnes, y grasas poliinsaturadas que no son dañinas para el organismo. Nuestro objetivo es que la gente empiece a mirar a los insectos como futuro recurso de alimentación, no sólo humano sino para mascotas”, agregó Loiácono.

También sostuvo que en un futuro no tan lejano “todas las fuentes de proteínas serán bienvenidas”, aunque reconoció que actualmente la gente siente aversión por este tipo de alimento. “En realidad, también hay una cuestión cultural porque existen artrópodos como las langostas, los cangrejos y los langostinos que son exquisiteces culinarias y salen carísimas. Pero si a la gente le pedimos que coma insectos del mismo grupo taxonómico, que encima son vegetarianos y no carroñeros como los cangrejos, eso genera repulsión”, sostuvo la especialista.

Este tipo de alimentación está más arraigada en países de Africa Central, Asía y América Latina (Brasil, Venezuela y México). Se calcula que son comestibles cerca de 1.500 especies de insectos, aunque los especialistas aclaran que existen muchas otras especies que son venenosas y que deben ser evitadas.

La disertación mencionada fue dirigida a la comunidad en general y se realizó el 24 a las 16 en el Auditorio del Museo de Ciencias Naturales, a cargo de Loiácono y de Cecilia Margaría (docente e investigadora de la UNLP). Ambas son las autoras del trabajo de divulgación científica “Insectos: ¿un recurso alimentario del futuro?” que, el año pasado, recibió una mención de honor en un concurso organizado por la Asociación Argentina para el progreso de las Ciencias.