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Si se atienden igualmente los valores de mercado reconocidos más los aspectos estrictamente estéticos, la pintura llamada Nuestra Seño­ra de Guadalupe debe considerarse el trabajo artístico más significa­tivo en todo el Hemisferio Occidental

El objeto de esta indagación extendida es un retrato de la Virgen María, la Madre de Cristo, que la mues­tra de los pies hasta la cabeza. Mide 143 cm. de alto (o 69 por 41.3 pulga­das) y es pintado (en su mayor parte) en témpera sobre lona compuesta de lino-cáñamo.

Según las pruebas documentales mejor conocidas (que pronto se serán citadas), se trata de un «autorretrato» de la Virgen María, con este hecho significando específicamente que ella misma le había impuesto mila­grosamente su imagen, y como un impreso, directamente sobre la dicha tela.

Según una tradición medieval antigua, este acto hace que la pintura sea una acheiropoïeta, que literalmente quiere indicar en griego una imagen «no hecha por la mano humana», y, siendo así, ha de ser nada concebido ni en o ni por la mente humana.

El año que la imagen acheiropoiética había llegada milagrosamente en México es, según la documentación tradicional (que pronto voy a citar), 1531. Más recientemente, precisamente en el año 2002, la leyenda antigua que contaba la recepción milagrosa en 1531 del retrato tan reverenciado de la Virgen de Guadalupe era esencial para la canonización de «Juan Diego,» hecho entonces el primer santo igualmente mexicano e indio (y se dice que su antiguo nombre pagano era «Cuauhtlatohuac»).

Dicho encuentro mila­groso ha sido el asunto de miles de litografías baratas publicadas en Méxi­co, y tengo una puesta en mi casa

Vista desde la perspectiva de mi carrera profesional, absolutamente extraordinaria en la historia del arte es esta simbiosis entre una pintura y el hacer de un santo futuro; vista por otra parte, representa también un unicum en los registros hagiográficos.

No obs­tante, para resolver el caso tan singular de Nuestra Señora de Guadalupe menos vale la devoción ardiente del teólogo que la dedicación infa­tigable del detectivo forénsico.

En 1754, inicialmente el Papa Benedicto XIV reconoció la Virgen de Guadalupe como la patrona de México, entonces llamado la Nueva España; luego, en 1910, vino la proclamación de Pius X que hizo de la Guadalupe la H. M. S. PHAKE-POTTER patrocinadora de toda América Latina.

En 1999, el Papa Juan Pablo II pro­clamó generosamente a Nuestra Señora de Guadalupe la santa patrocinadora de todas las Américas (aún Groenlandia).

En 1990, Juan Diego (h. 1474­1548), la primera persona que la encontró en México, fue beatificado por el Vaticano; tras una docena de años, en el 31 de julio de 2002, se fue canoni­zado oficialmente, así que llegó a ser San Juan Diego.

Tantos los teólogos hispanos como los patriotas mexicanos están encantados con las decisiones alcanzadas en el Vaticano.

No sólo una figura de la devoción religiosa, la Guadalupe ha llegado a ser igualmente un símbolo del ser nacional en México y un talismán étnico para todo mexicano-americano, o sea los «Chicanos». Hoy, su benévola ima­gen se ve por todas partes en México, también a través del Suroeste Ameri­cano, de Tejas a California.

Allí, se puede encontrar su silueta distintiva marcada con tiza en una ladera o reproducido en flores de diferentes colores plantadas en los parques públicos; hay muchos edificios en que se ostenta su icono. Es también motivo obligatorio en los cemeterios.

A veces la imagen guadalupana incluso puede verse silhuetada en el neón, y aún se la emplea en la publicidad distribuida para vender el enjuague y las medicinas patentadas. Pero más frecuentamente se ve su imagen impuesta sobre camisetas. 

Especialmente, los hombres Chicanos quieren te­ner su imagen tatuada sobre sus cuerpos; haciendo tal, ellos se hacen a sí mismos en iconos vivos de, igualmente, el homenaje religioso y el orgullo étnico.

Claramente, la imagen ha llegado a ser la sumación de una fe y el foco de la personalidad y piedad de cierto pueblo; su valor transcendal como tal es indudable
Otro ejemplo gráfico nos sirvirá para hace hincapié en el punto didác­tico. En EE.UU., fundado como país de religión prostestante, típicamente es la costumbre de hacer que todo el mundo se conforme a las imodalidades de la mayoría.

Siendo país conformista, por eso, es obligatorio evangelizar a la minoría de la población, por ser tal—una minoría—se la presume ser ignorante de la Verdad.

Por consecuencia, uno se encuentra constantamente molestado por los mensajeros auto-eligidos de la Palabra de Díos, sobre todo, los que se llaman los «Mormones» y los «Adventistas del Séptimo Día,» entre otros tantos aficionados de la devocción llamada «correcta».

Es la suya la misma mentalidad que nos ha dado los «tele-marketers», o sea la persecución en casa por teléfono. Reaccionando a todo esto, recientemente me compré un letrero de plástico, y lo he puesto a la entrada de mi casa particular; su inscripción se encapsula el significado de la Guadalupe como un foco polémcio en las partes hispánicas de EE.UU.

Reza así:

ESTE HOGAR ES CATÓLICO.

NO ACEPTAMOS PROPAGANDA PROTESTANTE
NI DE OTRAS SECTAS.

¡VIVA CRISTO REY!

¡VIVA LA VIRGEN DE GUADALUPE, MADRE DE DIOS!’

(links de acceso al libro completo)