Comunismo


El comunismo (De común[1] ), entendido como organización social, es una asociación basada en la comunidad de los medios sociales de producción y los bienes producidos mediante los mismos.[2] [1] . A diferencia de lo que acontece en el socialismo, el comunismo implica la abolición de la división del trabajo y por ende del dinero.

El Comunismo, entendido como movimiento socio-político, es un conjunto de corrientes y agrupaciones cuyo principal objetivo histórico es -particularmente desde la adopción de la doctrina marxista- la supresión revolucionaria de la sociedad capitalista en tanto última forma de sociedad con clases, y el establecimiento de una sociedad socialista como paso previo a la construcción gradual de una organización social comunista.
Las doctrinas de las diversas corrientes comunistas coinciden en la necesidad de suprimir la propiedad privada (especialmente la de los medios de producción sociales) y en la emancipación social del proletariado como la primer clase oprimida sin economía propia, negación de toda posible apropiación privada y por ende tendiente a desaparecer como clase en una comunidad comunista.

Debido a la popularidad de la revolución rusa de 1917 y la polarización política entre los regímenes socialistas y el capitalismo occidental, el Comunismo se ha identificado casi exclusivamente con la doctrina marxista-leninista. Sin embargo, existen otras doctrinas comunistas (algunas previas al marxismo-leninismo, otras contemporáneas, y otras posteriores) tales como el anarcocomunismo con fundamento en posturas sociobiologistas (Piotr Kropotkin, Aldous Huxley), el comunismo de consejos de base marxista pero no leninista, el comunismo cristiano premoderno y moderno (Tomás Moro, Gerrard Winstanley), variantes secularizadas del comunismo religioso milenarista (Gabriel Bonnot de Mably, Morelly) y movimientos no revolucionarios como el de las comunas hippies y los kibbutz israelíes, entre otros.[3]

 
 Orígenes y fuentes históricas del comunismo   Comunismo primitivo y comunismo cristiano  Artículos principales: Comunismo primitivo, Comunalismo religioso y Comunismo cristiano
Karl Marx vio el comunismo primitivo como el estado original cazador-recolector de la especie humana del que surgió el comunismo temprano. Para Marx, sólo después de que la humanidad fue capaz de producir excedentes (y de que algunos miembros de la sociedad se apropiaron de ellos), se desarrolló la propiedad privada y el Estado.

 Comunismo igualitario  
Licurgo de Esparta.Se designa con esta expresión a todas las doctrinas premarxistas, que con muchísima diversidad, se las puede englobar como utopías sociales que abogaban por la propiedad colectiva (a diferencia de un régimen de propietarios iguales) y la igualdad total (incluyendo todas las necesidades) de todos los productores.[2] Tales doctrinas primitivas resolvían el problema de las relaciones del individuo con la sociedad a través de la «sociedades de iguales», que bien podía ser una comuna, el Estado, etc.

Tales doctrinas se desarrollaron en la Época Clásica y en la Edad Media. Un ejemplo de comunismo igualitario es el implantado en Esparta por Licurgo también designado como comunismo militar. Este gobierno sólo consideraba como «iguales» a los ciudadanos de la polis, ya que mantenía un régimen esclavista.

Otro ejemplo de ciertas doctrinas comunistas en un marco antiguo son las propuestas por Platón en La República;

[…] existen el mejor Estado, la mejor constitución y las mejores leyes allí donde se aplica esta máxima: todo es común entre amigos.

Platón
pero el gobierno era pragmáticamente llevado por una aristocracia de filósofos.

Las tendencias igualitarias se desarrollaron en algunas de las primeras herejías cristianas, como también en las comunas anabaptistas.

 Socialismo utópico  
François-Noël Gracchus Babeuf.Artículo principal: Socialismo Utópico
No queremos la igualdad escrita en una tabla de madera, la queremos en nuestras casas, bajo nuestros techos.

François-Noël Babeuf, Conjuration des Égaux, 1795.
El comunismo como tradición política e ideológica surge a partir del siglo XVIII impulsado por las fuertes contradicciones sociales en Europa. Durante el gobierno del Directorio (1795-1799) en la Francia revolucionaria François-Noël Babeuf lleva a cabo la Conjuration des Égaux (Conspiración de los iguales), la primera acción revolucionaria llevada a cabo en nombre de una ideología comunista. El babuvismo proponía la abolición de la propiedad privada, la instauración de la propiedad comunitaria para asegurar la única y verdadera igualdad, no sólo política, sino también económica. El movimiento, claro está, fue salvajemente reprimido, si bien su pensamiento resistió el paso del tiempo y engendró la mayoría de los comunismos posteriores.

Sobre 1835, las ideas comunistas prosiguieron su desarrollo fuertemente vinculadas al concepto de socialismo,[2] a partir del llamado socialismo utópico (también denominado comunismo utópico), siendo sus principales exponentes Robert Owen, Charles Fourier y Saint-Simon.

Robert Owen fue el primer autor en considerar que el valor de los productos debía medirse con base al trabajo incorporado a ellos, y no al valor en dinero que se les atribuye. Charles Fourier fue el primero en proponer la abolición del capitalismo para la formación de una sociedad comunista. Y el Conde de Saint-Simon consideró que la nueva sociedad debía estar planificada para atender las necesidades de los pobres. Estos autores propusieron la transición hacia nuevas sociedades a través de comunidades rurales autosuficientes por el trabajo de voluntarios; sin embargo, no consideraban que la sociedad capitalista estuviera compuesta por clases sociales antagónicas.

 El desarrollo de las doctrinas comunistas  
Monumento a Marx y Engels en Berlín, Alemania. Marxismo o comunismo científico  Artículos principales: marxismo y Manifiesto del Partido Comunista
Karl Marx funda la Liga de los Comunistas (también conocida como Liga de los Justos) en 1847 en Bruselas, después de dos años de estancia en la capital belga. La Liga encarga a Karl Marx y a Friedrich Engels una proclama del movimiento comunista. En 1848 publican el Manifiesto Comunista (Manifest der Kommunistischen Partei).[4]

Para Marx y Engels, la clase obrera industrial es la única que, por su imposibilidad de una adquisición privada, puede superar mediante la síntesis comunista la contradicción sin salida de la socialización estatal: es la negación comunista de la sociedad porque no puede transformarse en nueva clase explotadora, es la negación comunista del Estado porque sólo transformándose ella misma en poder público puede superar su carácter asalariado remanente de la sociedad burguesa, y es la negación comunista de la propiedad porque sólo distribuyendo de acuerdo a las necesidades y las capacidades puede adquirir los frutos de los medios de producción.[5] De ello se deriva el lema De cada cual, según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades.

El Manifiesto Comunista es considerado uno de los tratados políticos más influyentes de la historia.

En la Asociación Internacional de los Trabajadores se evidenciaron los conflictos ideológicos entre anarquismo y marxismo. La principal diferencia entre estos dos grupos fue que los marxistas proponían un período de transición después de la revolución social antes de la disolución final del estado, idea que los bakuninistas no aceptaban considerando que la revolución debía acabar inmediatamente con el estado. El resultado final de esta división fue la expulsión de los anarquistas y anarcosindicalistas de la Primera Internacional y su posterior disolución en 1876.

El anarcocomunismo es una corriente anarquista cercana al comunismo, representada entre otros por Pedro Kropotkin y Errico Malatesta.

En los desarrollos posteriores a Marx del comunismo marxista, ha existido cierto debate sobre cuales son los métodos más eficaces para lograr un cambio del sistema socioeconómico capitalista. En gran parte estos debates y desarrollos de estrategias consiguientes han estado ligados a personas influyentes dentro del movimiento comunista internacional. En ocasiones el debate ha estado más caracterizado por alineamientos personales con los principales teóricos, que por verdaderas e irreconciliables posturas ideológicas.

 Marxismo-leninismo  El marxismo-leninismo engloba en realidad a varios desarrollos del marxismo posteriores al propio Marx. En esencia todos estos enfoques sugieren la necesidad de una élite intelectual o un partido centralizado que acelere o dirija propiamente el fin del sistema capitalista, que otras ramas del marxismo veían como un proceso auto-organizado que se daría por sí mismo sin la necesidad de dirigirlo. Por tanto, como política el marxismo-leninismo aboga por el dirigismo centralista de los procesos revolucionarios anti-capitalistas.

 Maoísmo  Denominado habitualmente en occidente como maoísmo pero originalmente y oficialmente en China «Pensamiento Mao Tse Tung» (chino simplificado: 毛泽东思想, chino tradicional: 毛澤東思想) o «Pensamiento Mao». Esta corriente son los aportes teóricos y prácticos que desarrolló Mao Zedong (1893-1976) en la guerra civil china y que significaron un desarrollo sustancial del leninismo. Los aportes son la adaptación del marxismo-leninismo a un país principalmente agricultor y con muy pocas industrias y una sociedad feudal.

 Comunismo de consejos  Surgido a partir de la revolución alemana y de la ruptura de la izquierda comunista germano-holandesa con el bolchevismo ruso, el comunismo de consejos hizo centro en la autoorganización de la clase proletaria en los consejos obreros, en vez de la dirección política de la misma de un “partido revolucionario”. Sus principales referentes fueron Otto Rühle, Anton Pannekoek y Paul Mattick.

 Nuevas Corrientes Comunistas   Austromarxismo  El austromarxismo surge a partir de la mezcla de principios del capitalismo con principios leninistas.[6] [7]

 Socialismo Autogestionario  El socialismo autogestionario o socialismo de autogestión es el sistema político que está basado en la participación de las diferentes comunidades cercanas a la vida cotidiana colectivizada (empresa, sindicato, localidad, partido) en la gestión de comunidades políticas superiores (Estado, federaciones, confederaciones, etc.).

 Nacional Bolchevismo  El nacional-bolchevismo busca como meta final un estado socialista y nacionalista inspirado en el estalinismo, una sociedad basada en el principio de “a cada cual según sus necesidades” pero desarrollada en un ámbito meramente estatal.[8]

 Historia del movimiento comunista  Artículo principal: Historia del comunismo
El comunismo se ha desarrollado organizativamente a través de la historia por medio de diversos movimientos políticos. Este desarrollo se ha llevado a cabo mediante la formación de las Internacionales Comunistas.

 La Primera Internacional  Artículo principal: Primera Internacional
La Primera Internacional (AIT) fue la primera organización que reunió a los sindicatos y a los partidos asociados a la clase trabajadora. Se fundó en Londres durante una reunión entre trabajadores llevada a cabo en Saint Martin’s Hall. Su primer congreso se llevó a cabo en 1866 en Ginebra. En 1872 su sede se traslada desde Londres a Nueva York. En su momento la Internacional llegó a contar con 1,2 millones de miembros en todo el mundo, aunque su gaceta oficial publicaba 8 millones.

En la Asociación Internacional de los Trabajadores se evidenciaron los conflictos ideológicos entre anarquismo y marxismo.

La AIT no debe ser confundida con la Asociación Internacional de los Trabajadores fundada en los años 1922 y 1923 por los anarquistas y anarcosindicalistas.

 La Segunda Internacional  Artículo principal: Segunda Internacional
Tras varios fracasos por refundar la Primera Internacional, se fundó en 1889 la Segunda Internacional (SI) que agrupó a diversos partidos socialistas y laboristas. La SI es parte de la historia del comunismo únicamente en referencia a los grupos al interior de ésta que luego formaron la Tercera Internacional debido a su carácter eminentemente socialdemócrata. La SI se disolvió en 1916 después del inicio de la Primera Guerra Mundial. La Segunda Internacional asentaría las bases de lo que sería la socialdemocracia actual.

 La Tercera Internacional  
La hoz y el martillo, símbolos del comunismo adoptados por los partidos marxistas-leninistas a partir de la Tercera Internacional, tal como aparecían en la bandera de la Unión Soviética.Artículo principal: Tercera Internacional
Al disolverse la Segunda Internacional los grupos socialistas revolucionarios que se habían opuesto a la Primera Guerra Mundial convocaron a la Conferencia de Zimmerwald en septiembre de 1915 y a la Conferencia de Kienthal en abril de 1916. Estas conferencias fueron el antecedente directo de la Tercera Internacional también conocida por su abreviatura en ruso Komintern (Коминтерн, abreviatura de Коммунистический Интернационал, “Internacional Comunista”), la cual fue fundada en su primer congreso de Petrogrado en 1919 por iniciativa del Partido Comunista de la Unión Soviética. La Tercera Internacional rompió definitivamente con los grupos socialdemócratas y siguió las directrices marcadas por el Partido Comunista de la Unión Soviética.

En esta internacional también se manifestó el conflicto entre estalinistas y trotskistas. Los trotskistas sólo reconocen la legitimidad de los primeros cuatro congresos de la Internacional, ocurridos antes de la llegada al poder de Hitler en Alemania, momento en el que los trotskistas se separan definitivamente de la Internacional y empieza la formación de una Cuarta Internacional.

El 15 de mayo de 1943, después de celebrada la Conferencia de Teherán, el Presidium del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, «teniendo en cuenta la madurez de los partidos comunistas», y para evitar los recelos de los países capitalistas aliados decide disolver la Internacional Comunista.

 Los partidos comunistas a partir de la Revolución rusa  
La estrella roja, símbolo usado recurrentemente para representar a los partidos comunistas, o al comunismo en general, tal como aparecía en la bandera de la Unión Soviética.La primera revolución que seguía los postulados marxistas no se produjo en un país central, sino en Rusia, en 1917. El líder del movimiento, Vladimir Ilyich Ulyanov explicó esta imprevista (por Marx y Engels) resolución de las contradicciones capitalistas señalando que el capitalismo había fallado en su «eslabón más débil». En efecto, Rusia era un país de escaso desarrollo industrial y predominante base campesina semifeudal.

A partir de la Revolución rusa, la denominación de comunista quedó restringida a los partidos marxistas que se alinearon con la Unión Soviética. La Revolución rusa llevó a cabo la supresión de la propiedad privada en la industria, creó cooperativas agrarias, fomentando su incorporación entre los campesinos (convertida más tarde, durante el régimen stalinista, en colectivización forzosa), y avanzó hacia la multiplicación de los medios de producción, en medio de una guerra civil que duró cuatro años. Uno de los primeros objetivos de Lenin fue electrificar Rusia (Lenin dijo en una ocasión que el comunismo era «soviets más electricidad»).

Durante el gobierno de Stalin, la industrialización se hizo a paso acelerado, dadas las circunstancias internacionales, sin tenerse en cuenta la capacidad de aguante del proletariado ni condiciones de explotación resultantes a que se vio sometido junto con el medio. La Segunda Guerra Mundial agudizó el proceso de creación de industria pesada y de alimentos, al mismo tiempo que aumentó los controles estatales. Este período se caracterizó por una etapa de transición hacia el socialismo a través de diversos planes quinquenales, en contraste con la gradual concentración de poder político en manos de la burocracia del Partido y del Comité Central, según los partidarios de Stalin, necesaria por las condiciones de Guerra. También conllevó, a nivel político, un aumento de las persecuciones políticas, por parte del régimen, a los distintos sectores disidentes y de oposición dentro del Partido Comunista de la Unión Soviética, extendido más tarde al resto de la Tercera Internacional, cuyo máximo exponente será la Gran Purga.

 La Kominform  En 1947 fue creada la Kominform (Oficina de Información Comunista) como sustituta de la Komintern, y reunía a los Partidos Comunistas de Bulgaria, Checoslovaquia, Francia, Hungría, Italia, Polonia, la Unión Soviética y Yugoslavia. Fue disuelta a su vez en 1956.

 La Cuarta Internacional  Artículo principal: Cuarta Internacional
En Francia, Trotsky y sus simpatizantes de la Oposición de Izquierda, tras ser expulsado éste de la Unión Soviética a causa de su rivalidad con Stalin (apoyado por la burocracia del Partido), consideraron que la tercera internacional había quedado sometida al estalinismo y que sería incapaz de llevar a la clase trabajadora al poder. En consecuencia fundaron la Cuarta Internacional (CI). A través de su historia, la CI fue perseguida tanto por los gobiernos capitalistas como por la policía secreta soviética y los miembros de la Tercera Internacional. Los seguidores de la Unión Soviética y más tarde los maoístas consideran a la Cuarta Internacional y al trotskismo en general como una corriente ilegítima del marxismo,el bolchevismo y del comunismo hasta la actualidad.

La Cuarta Internacional sufrió una escisión en 1940 y otra aún más importante en 1953. A pesar de la reunificación parcial ocurrida en 1963, pocas organizaciones se atribuyen en la actualidad la exclusividad como representantes o herederas de la Cuarta Internacional, si bien muchas reivindican su legado o programa político y, conscientes de la dispersión existente entre sus organizaciones heredederas, reivindican su reconstrucción.

 Los partidos comunistas en el siglo XX  En cada lugar del mundo tuvieron suertes diversas, pero pocas veces llegaron al poder. Las excepciones fueron los países de Europa del Este que estuvieron bajo el control del régimen político instaurado en la URSS tras el ascenso al poder de Stalin (heredado por los sucesivos gobiernos), durante más de 40 años a partir de la derrota del Ejército Nazi y la conquista militar de la región por el Ejército Rojo después de la Segunda Guerra Mundial; además de China, Corea del Norte, Vietnam y Cuba, donde el poder lo obtuvieron direcciones militares o guerrilleras, dirigidas o influenciadas por su respectivo Partido Comunista, con apoyo campesino y de sectores populares.

En Chile, a comienzos de los 70, la UP (Unidad Popular) llegó al gobierno presidencial, tras obtener mayoría parlamentaria. Ésta era una alianza de partidos y movimientos de izquierda parlamentaria. El Partido Comunista conformaba esta alianza junto a otros, como el Partido Socialista, el Movimiento de Acción Popular Unitario, la Izquierda Cristiana, el Partido Radical, y el Movimiento de Acción Popular Unitaria (ó MAPU, escindido de la Democracia Cristiana), entre otros. Su principal consigna fue la «vía pacífica al socialismo», o construcción del socialismo a través de las instituciones propias del Estado parlamentario burgués, por medio de la coalición electoral entre distintas fuerzas políticas consideradas «progresistas» o populares, en lo que viene a llamarse gobiernos de frentes populares.

Esta experiencia fue frustrada por la férrea oposición de las fuerzas de centro y derecha apoyadas por los Estados Unidos, que produjeron finalmente un golpe de estado (1973), la represión y aniquilación de los principales dirigentes y activistas de organizaciones políticas obreras, como los Cordones industriales, el MIR o la facción marxista del MAPU, sindicales, y de partidos políticos que apoyaron o participaron en el gobierno de la Unidad Popular, y la muerte del presidente socialista Salvador Allende.

El movimiento comunista internacional atravesó grandes crisis en el siglo XX. La primera de ellas relacionada con el alejamiento de León Trotsky de la conducción de la Unión Soviética debido a sus diferencias con Stalin. Trotsky se exilió en México, donde fue asesinado por un agente bajo el mando de la GPU: Ramón Mercader. El ex conductor del Ejército Rojo postulaba la revolución permanente.

La segunda gran crisis la provocó el enfrentamiento de la Unión Soviética y China en lo referente a la política internacional. Desde los años del encumbramiento del fascismo en Europa, la Unión Soviética sostuvo una política de unidad con las fuerzas democráticas de la burguesía para los partidos comunistas que actuaban en el mundo capitalista y de coexistencia pacífica con el imperialismo.

El Partido Comunista de China tenía una política de confrontación directa con el imperialismo, aunque apoyaba acuerdos con las burguesías nacionales confrontadas con él mismo. Esta política provocó otro cisma en muchos partidos comunistas. En los 70 del siglo XX el comunismo pro-chino viró hacia extrañas alianzas según fuera la relación de cada gobierno con Pekín.

 Los partidos comunistas después de la Segunda Guerra Mundial  Al terminar la Segunda Guerra Mundial, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que agrupaba los antiguos dominios del zar, era una potencia mundial. Con la muerte de Stalin, en 1953, sobrevino la crítica a sus métodos y al denominado culto a la personalidad, tolerados y auspiciados desde el poder. Esta etapa, abanderada por Jrushchov, fue conocida como etapa del deshielo. Lo que no impidió que, con posterioridad, se acusase a Jrushchov de los mismos métodos de que él había acusado a Stalin.

La República Popular China, surgida tras la victoria, en 1949, de la dirección militar del Partido Comunista Chino, liderado por Mao Tse Tung y apoyado por un numeroso ejército, una revolución campesina en el medio agrario, y una revuelta estudiantil en la ciudad, siguió adelante el proceso, en medio de crecientes contradicciones, hasta que comenzó a aceptar formas económicas mixtas desde finales de los años 70, con Deng Xiaoping, sin cambiar el sistema político de partido único, y aún ejerciendo un fuerte control político y policial estatal.

Después de la Segunda Guerra Mundial, dos partidos comunistas europeos, el francés y el italiano, crecieron hasta el punto de convertirse en fuerzas políticas clave en sus respectivos países. Dominaban ampliamente el movimiento sindical, tenían una importante representación parlamentaria y jugaban una compleja política de alianzas en el plano interno.

Fueron críticos, en muchos aspectos, de la Unión Soviética. Esta posición independiente convirtió a ambos partidos en núcleo del eurocomunismo, cuyo sesgo distintivo era la confianza en alcanzar el poder en los países capitalistas a través de las elecciones pluripartidistas parlamentarias. El eurocomunismo se enfrentó en ocasiones a la Unión Soviética, y terminó encontrando apoyos en un sector de la burguesía de sus respectivos países (sobre todo en lo referente a fuentes de financiación). El Partido Comunista de Francia no modificó, sin embargo, el método de conducción centralista hacia lo interno, así como el método dirigista desarrollado en época de Stalin. Menos rígido fue en ese sentido el Partido Comunista de Italia.

Éste, además, diseñó una política de compromiso histórico hacia la Democracia Cristiana (centroderecha) que significaba mucho más que eventuales alianzas tácticas. El Partido Comunista de España, menos poderoso, se sumó al eurocomunismo, renunciando, con Carrillo a muchas de las reivindicaciones del movimiento comunista y obrero desarrollado durante la Transición de la dictadura fascista al régimen constitucional, aceptando así la monarquía y apoyando los Pactos de la Moncloa, y ejerciendo un fuerte control a su vez sobre la dirección sindical de Comisiones Obreras (CC.OO.).

 Los partidos comunistas después de la caída de la URSS  En 1991, tras un proceso de sucesivos intentos de reformas privatizadoras en lo económico, conocido como Perestroika, que acelerarán la crisis interna, y presionado por la Guerra Fría y las potencias occidentales, el país sucumbe ante sus propias contradicciones, dando lugar a la desintegración de la URSS y a que las repúblicas que integraban la URSS se independicen. La destrucción del Muro de Berlín que separaba la zona de influencia soviética de la zona capitalista (herencia de la división territorial posterior a la Segunda Guerra Mundial) es considerada uno de los símbolos de esta caída.

Después de la caída de la Unión Soviética, los partidos comunistas sufrieron transformaciones y divisiones en todo el mundo. Algunas fracciones adoptaron una política reformista, otras desarrollaron una táctica de oposición a la globalización capitalista buscando estrechar sus lazos con las masas marginadas por el llamado capitalismo consumista, y orientándose en algunos casos hacia el comunismo libertario. Muchos simpatizantes del marxismo en las décadas anteriores, apoyaron movimientos socialdemócratas en Europa y América latina.

En Cuba, la revolución de 1959 fue conducida por jóvenes revolucionarios que no pertenecían al Partido Comunista. Pero éste se convirtió en fuerza hegemónica en la medida en que la economía del país se hacía cada vez más dependiente de la Unión Soviética, en gran parte debido al bloqueo económico que estableció Estados Unidos. Caída esta, Cuba permaneció como un solitario baluarte del comunismo en América, aunque aceptando la participación de capitales privados extranjeros en su débil economía, centrada en el turismo.

Incluso en la República Popular China se han desarrollado profundas transformaciones en torno a una internacionalización y un modelo económico que distan mucho de los principios políticos que promulgan. Una mezcla de comunismo en el discurso político teórico y capitalismo, en la práctica cada vez más amplios sectores económicos.

Vietnam ha iniciado reformas en el mismo sentido de China. Los otros países socialistas de la actualidad son Laos y Corea del Norte. Este último se ha destacado por el rechazo de reformas liberalizadoras, y una defensa férrea del patriotismo y la economía socialista, aunque últimamente está adoptando mecanismos para permitir la entrada de capital extranjero.

En Rusia se fundó el Partido Comunista de la Federación Rusa en 1993 a partir del Partido Comunista de la Unión Soviética. Se ha centrado en las características propias de Rusia, y en consecuencia ha combinado el comunismo con un fuerte patriotismo en sus planteamientos. Ideológicamente se ha denominado nacional-bolchevismo a la combinación de la lucha social anticapitalista con el nacionalismo, tendencia que desde la década de 1920 estuvo presente en cierto modo en el PCUS.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s