14. El anticastrismo


CAPÍTULO 14 EL ANTICASTRISMO

El primer anticastrismo

El anticastrismo comenzó antes de que Castro se convirtiera en «Máximo Líder». No me refiero, por supuesto, a las fuerzas batistianas. El batistianismo nunca fue específicamente anticastrista. Batista –su gente– se enfrentó al 26 de Julio con la misma brutalidad e ineficacia con que se enfrentó a otros sectores de la oposición. Más aún: es muy difícil suponer que Castro hubiera tomado el poder sin que Batista, con una tenacidad digna del sicoanálisis, hubiera eliminado el resto de las alternativas políticas. Sistemáticamente, el exsargento destruyó todas las opciones que proponía la oposición, con el objeto de no entregar jamás el poder a ortodoxos o auténticos, sus enemigos (generacionales) declarados. Eso explica que el 31 de diciembre de 1958, fecha que eligió para su huida, el cónclave oposicionista ya tenía papa: Fidel Castro. Es decir, secretamente, es mucho lo que Fidel debe agradecer a Fulgencio. El viejo y corrupto dictador se sostuvo exactamente hasta el instante en que su sustituto no tenía rival visible, y entonces se largó del país. Fidel, en ese eufórico minuto, se convirtió en el ídolo del 90% de la nación.

¿Quiénes no eran fidelistas en esa primera madrugada del triunfo revolucionario? Dejemos a un lado a la exigua tribu batistera. El anticastrismo comenzó entre los propios grupos que hicieron la revolución, pero sospechaban de Fidel y de sus antecedentes. Primero, el viejo partido comunista (PSP). Los comunistas de carnet, al Fidel que recuerdan es al líder estudiantil, militante de la UIR (Unión Insurreccional Revolucionaria), grupo de acción ferozmente anticomunista, y candidato a representante por el Partido Ortodoxo, entidad igualmente antimarxista. Por otra parte, la estrategia de la lucha se apartaba radicalmente del manual de procedimiento clásico. Allí no había lucha de clases, huelgas proletarias, ni demás condimentos de la receta leninista. Una élite pequeño burguesa había congregado a cierto campesinado en las zonas rurales, y a estudiantes y profesionales en las ciudades. Eso era todo. Los comunistas, encharcados en

 la mitología insurreccional marxista-leninista, no podían aceptar a Fidel. Ni su pedigree ni sus métodos tenían nada que ver con el misal de la secta.

Tampoco, por otras razones, eran castristas los auténticos y los ortodoxos. Los auténticos, porque a fin de cuentas, Fidel Castro era un chibasista (partidario del desaparecido líder Eduardo Chibás), reiteradamente antiauténtico y con antecedentes universitarios gangsteriles. La cúpula ortodoxa, porque un líder de segunda fila del partido, que nunca contó con las simpatías de Eduardo Chibás –Chibás lo consideraba un «tira-tiros»–, había terminado por seducir a la masa del organismo sin tomar en cuenta a los cuadros dirigentes.

El Directorio Revolucionario y el Segundo Frente del Escambray, dos grupos insurreccionales del mismo origen que le disputaban al 26 de Julio la dirección de la lucha antibatistiana, tampoco podían ser castristas. Diversas rencillas, aumentadas por las críticas de Fidel al ataque a Palacio (la residencia oficial de Batista) llevado a cabo por el Directorio, y luego por la actuación nada diplomática del Che con las guerrillas de Las Villas, trajeron como consecuencia el surgimiento de un sentimiento de celos y hostilidad hacia el caudillo de la Sierra Maestra.

Hay anticastrismo, pues, el primero de enero de 1959, debut oficial de la revolución. Se trata de un anticastrismo incubado durante la lucha, pero sólo en el plano de la dirigencia. La masa –ortodoxa, auténtica, estudiantil, profesional o sin ocupación– era delirantemente fidelista.

Segunda oleada anticastrista

Mil novecientos cincuenta y nueve amanece con la noticia de que Fulgencio Batista se había largado hacia tierras de Trujillo. Cuba presencia una explosión de alegría no vista desde que en 1902 se inauguró la República. Castro entra en La Habana a hombros de las multitudes. Es el jefe indiscutible, pero no indiscutido. A los pocos días, el Directorio Revolucionario anuncia que no entregará el Palacio Presidencial ni la Universidad a las

 fuerzas del 26 de Julio. Fidel los ataca con un arma inédita y terrible: un discurso televisado de cuatro horas. El Directorio se rinde despavorido y entrega las armas.

Pocas semanas después, el partido comunista (PSP), aterrorizado porque ha descubierto que Fidel piensa establecer una dictadura personal, organiza una manifestación ante Palacio pidiendo elecciones. Secretamente, Carlos Rafael Rodríguez le notifica al Partido que no sea imbécil, que es verdad lo de la dictadura, pero que hay grandes probabilidades de que sea comunista. El Partido respira hondo y entona a todo pulmón el estribillo de «elecciones… ¿para qué?».

No hay otros incidentes notables en los primeros meses de gobierno. Hay, censura a los procedimientos judiciales de la revolución. En las capas más instruidas del país surge cierta repugnancia hacia la evidente arbitrariedad de los tribunales revolucionarios. El país no está acostumbrado a los juicios sumarios ni a los fusilamientos masivos. No es que ciertos crímenes no fueran condenables, sino que los juicios no resultaban, muchas veces, convincentes. Fidel, públicamente, pide un nuevo y condenatorio juicio contra unos pilotos de la Fuerza Aérea batistiana previamente absueltos por un tribunal revolucionario. En el segundo juicio, los pilotos son sentenciados a treinta años. Félix Pena, comandante de la Sierra y presidente del Tribunal, se suicida, y la imagen pública de Fidel sufre un primer golpe serio. Casi todo el mundo sabe su aquello de «la santidad de la cosa juzgada».

Surgen las primeras polémicas con los comunistas. La prensa liberal y conservadora censura al gobierno. Los grupos antibatistianos que no participan del poder –la Triple A del doctor Sánchez Arango, los auténticos de Tony Varona, el Segundo Frente de Gutiérrez Menoyo, ciertos dirigentes del Directorio– comienzan a ponerse nerviosos. Hay dos hipótesis tremendas. La optimista afirma que Fidel va a implantar una dictadura terrible y personal. La pesimista opina que esa dictadura será de signo comunista. A mediados de 1959, todavía no hay conspiraciones formales, sino tanteos, conversaciones, intercambio de opiniones. El propio 26 de Julio está escindido en dos alas claramente perfiladas desde los años de la lucha. El 26 de Julio urbano –el Llano– formado

 esencialmente por estudiantes y profesionales, constituía la «derecha». El 26 de Julio rural –la Sierra– seguía a Fidel ciegamente, y éste se había embarcado en la aventura marxista.

A escasos meses del triunfo, se produce la ruidosa deserción del comandante Díaz Lanz, jefe de la Fuerza Aérea. En su denuncia, radiada por Estados Unidos, el alto jefe afirma que Castro tiene la intención de establecer una dictadura comunista.

En julio de 1959, el presidente Urrutia se enfrenta a los comunistas, y Castro le obliga a dimitir. Poco después, el periodista y dirigente político Conte Agüero mantiene una polémica con el Partido que apasiona a todo el país. Castro, contra la expectativa general, interviene atacando al periodista. Más adelante, la opinión pública vuelve a dividirse ante el «caso Húber Matos». Húber era un querido comandante de la Sierra que renunció a su cargo mediante una carta privada que dirigió a Fidel, en la que le exponía sus reservas frente al avance de los comunistas y le notificaba su renuncia. Castro responde públicamente, acusando de traición a Húber y a los oficiales de su Estado Mayor. El propio Consejo de Ministros se divide ante este hecho evidentemente injusto y excesivo. Varios ministros, entre ellos Manuel Ray y Manuel Fernández, renuncian a sus cargos. Faustino Pérez se niega a firmar una condena a Matos. Manuel Fernández, viejo revolucionario guiterista, César Gómez, expedicionario del Granma, y Carlos Varona, han dado una batalla tremenda por preservar un sindicalismo libre. En el noveno congreso de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC), los dirigentes sindicales se niegan a colaborar con los comunistas. Castro, personalmente, acude al congreso para exigir que se acepte a los rojos. Hay cierta resistencia, pero David Salvador, el dirigente sindical del 26 de Julio, acaba cediendo ante la enorme presión. En la Universidad de La Habana, los comunistas apenas tienen poder. Todos los dirigentes que se disputan las elecciones son anticomunistas: Pedro Luis Boitel y Rolando Cubela. Gana Cubela, pero años después él y Boitel coincidirían en la cárcel.

Los acontecimientos «Díaz Lanz», «Urrutia», «Conte Agüero», «Húber Matos», «Universidad», «CTC», fueron paulatinamente cerciorando a los cubanos del giro

 comunista que Fidel le había imprimido a la revolución. El anticastrismo pasó de la polémica de barbería a la conspiración.

Los conspiradores

El anticastrismo, a los ojos de la propaganda, parece haber sido el refugio de batistianos y millonarios, pero esencialmente no ha sido otra cosa que la continuación del esquema ideológico antibatistiano basado en una arraigada tradición liberal: unas batalladoras corrientes reformistas dirigidas por hombres de los niveles sociales medios. Los batistianos, como grupo, prácticamente no intervinieron en la lucha anticastrista, y los grandes intereses económicos no realizaron otra actividad que la del lamento. Más aún, lo verdaderamente novedoso de la lucha anticastrista lo constituyó el surgimiento de guerrillas campesinas, que operaron autónomamente en el Escambray durante cinco años, sin la dirección de élites urbanas. El otro ingrediente «nuevo» en la lucha viene dado por el carácter apostólico que ciertos grupos orientados por los jesuitas quisieron darle a la conspiración. Por primera vez en la historia de las luchas intestinas cubanas, se moría al grito un tanto exótico de «Viva Cristo Rey», lema, por cierto, de mala fortuna para los «cristeros» mexicanos de los años veinte.

Los herederos de la revolución contra Batista

Los grupos anticastristas más vigorosos se forjaron entre los disidentes de la revolución. El Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), dirigido por el ingeniero Manuel Ray y por un grupo de hombres valiosos provenientes del 26 de Julio urbano –Emilio Guede, Reynol González, Enrique Barroso, etc.– logró aglutinar a una buena parte de los revolucionarios socialdemócratas que se oponían a la implantación de una dictadura comunista. Tan pronto Ray renunció al Ministerio de Obras Públicas –octubre de 1959–, se dedicó febrilmente a organizar la resistencia. A mediados de 1960, el MRP era una impresionante estructura clandestina, pero muy vulnerable precisamente por sus dimensiones. El aparato de inteligencia de Castro había logrado penetrarlo a diversos niveles.

 El 30 de Noviembre (llamado así por la fecha de un abortado levantamiento contra Batista) fue otro de los grandes movimientos anticastristas directamente paridos por la revolución. El jefe era David Salvador, líder sindical del 26 de Julio y Secretario General de la Confederación de Trabajadores de Cuba. El 30 de Noviembre era casi exclusivamente de factura proletaria. Sus dirigentes lo eran al mismo tiempo de diversos sindicatos, y sus cuadros se nutrían de disidentes del 26 de Julio. Cientos de sus miembros terminaron pasando muchísimos años en la cárcel.

La tradición política liberal

El partido Auténtico, desplazado del poder por Batista mediante el golpe de 1952, creó dos núcleos insurreccionales para enfrentarse al usurpador: la Triple A, dirigida por Aureliano Sánchez Arango, Mario Escoto, Pepe Utrera, Mario Villar Roces y otros revolucionarios de la década de 1930, y la Organización Auténtica. Estos dos grupos se enfrentaron al castrismo tan pronto se hizo obvio el rumbo comunista del proceso político. La Triple A, muy vinculada a la izquierda democrática latinoamericana, logró renovar sus cuadros con estudiantes universitarios atraídos por la honesta ejecutoria de Sánchez Arango. La «OA», en cambio, desapareció, surgiendo en su lugar el movimiento llamado Rescate, fundado por Tony Varona ante la discreta retirada del expresidente Carlos Prío, cabeza natural del autenticismo. Los cuadros y la base de Rescate fueron reclutados entre los miembros de la vieja estructura del partido Auténtico, con algunas excepciones juveniles que no tardaron en apartarse del liderazgo de Varona.

Un elemento anticastrista extraño

Si los grupos anteriores respondían a unas raíces fácilmente identificables, la aparición del factor religioso dio origen a una colectividad anticastrista sin precedente histórico: el Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR). La Agrupación Católica Universitaria (ACU), bajo la dirección del jesuita Llorente, había creado una especie de masonería católica, muy cerca en sus métodos y objetivos del modelo conocido como Opus Dei. Pretendía el padre Llorente que los «agrupados» constituyeran una élite capaz de controlar el poder económico y político. El dirigente más audaz y persuasivo de la ACU era Manuel Artime, y en los últimos meses de la dictadura de Batista, el propio Llorente

 (amigo de Fidel Castro y su consejero espiritual durante la etapa estudiantil de Fidel en el colegio Belén) logró incorporarlo, junto al joven y valiente abogado Emilio Martínez Venegas, a las fuerzas de la Sierra Maestra. Al triunfo de la revolución, a Artime se le nombraría director en la provincia de Oriente, de una zona de desarrollo agrario dependiente del INRA (Instituto Nacional de Reforma Agraria). Artime, imaginativo, dinámico y con cierto carisma, organizó entonces los «comandos rurales» con sus camaradas de la Agrupación Católica Universitaria. Más adelante –puesto ya a conspirar– Artime y sus seguidores fundarían el Movimiento de Recuperación Revolucionaria. A su vez, el sector estudiantil de ese movimiento dio lugar al Directorio Revolucionario, organización cuyo parentesco con la que originalmente había luchado contra Batista era sólo nominal.

El MRR, organismo sin tradición histórica, sin vínculos eficaces con la facción no comunista de la vigente estructura del poder, se convirtió, no obstante, en el centro de la lucha anticastrista en virtud del apoyo preferente que obtuvo de la CIA. El aparato norteamericano de inteligencia se entendía mejor con el «grupo de muchachos católicos» que con el MRP, el 30 de Noviembre o Segundo Frente Nacional del Escambray. Inclusive, las bases para la colaboración entre la CIA y el anticastrismo fueron sentadas por el doctor Rubio Padilla, miembro destacado de la Agrupación Católica Universitaria. La CIA en su búsqueda de elementos idóneos, olvidaba que un conflicto político como el que se estaba gestando no podía mantenerse sobre los hombros de un grupo escasamente representativo y totalmente extraño a la tradición revolucionaria del país. Sin embargo, hay que reconocer que aquellos jóvenes católicos dieron muestras de un enorme valor, enfrentándose con total integridad a la muerte o a la cárcel, como fue el caso de Alberto Müller, Emilio Martínez Venegas o Lino Bernabé Fernández, por sólo mencionar tres nombres entre los centenares que tuvieron que afrontar un dramático destino.

Playa Girón

El escritor alemán Hans Magnus Enzensberger hace un negativo retrato de los invasores de Bahía de Cochinos en un libro particularmente estimable: El interrogatorio de La

 Habana. Se equivoca el ensayista al juzgar al anticastrismo por el análisis de la composición socioeconómica de los integrantes de la brigada invasora. Seguramente Bahía de Cochinos ha sido el episodio menos representativo de la historia de la lucha contra Castro. Una amalgama como la de la Brigada 2506 –el nombre del ejército invasor– sólo pudo realizarse en virtud de los recursos enormes de la CIA, puestos al servicio de un objetivo discutible: derrocar al castrismo para implantar un orden de estricta obediencia norteamericana. Sin embargo, individualmente habría poco que objetar entre los miembros de la Brigada. Con tres docenas de excepciones –eran casi mil quinientos hombres–, los brigadistas eran personas bien intencionadas y de correctos antecedentes. Tampoco nadie debería alarmarse porque entre ellos hubiera muchos miembros de la burguesía. Desde Carlos Manuel de Céspedes en 1868 –el Padre de la Patria cubana– hasta el mismísimo Fidel Castro, ha sido una tradición que los terratenientes cubanos y los grupos poderosos peleen por lo que creen. No obstante, la Brigada no era una organización revolucionaria con determinada proyección política, sino un ejército arbitrariamente reclutado por la CIA para dar una batalla estrictamente militar, y luego servir como herramienta de poder a un movimiento (MRR) sin arraigo popular, adscrito a un catolicismo militante.

Uno de los aspectos más incomprensiblemente estúpidos de la historia de Bahía de Cochinos radica en el hecho inaudito de que la CIA eligiera librar una batalla convencional, privando al mismo tiempo a sus fuerzas de protección aérea. Aun sin el respaldo de la opinión pública –muy dividida en abril de 1961–, la Brigada hubiera podido por la fuerza de las armas mantener varias semanas una cabeza de playa y cierto territorio si la correcta protección aérea hubiera impedido que sus pertrechos se convirtieran en un tiro-al-blanco de la intacta aviación castrista. Esas semanas hubieran bastado para provocar un golpe dentro del propio ejército castrista –también muy dividido por aquellas fechas–, o el reconocimiento de un gobierno beligerante instalado en el territorio controlado por los invasores.

La Brigada 2506, cuyo triunfo hubiera significado el fin del anticastrismo independiente y nacionalista, marcó con su derrota el fin de cualquier clase de anticastrismo, puesto que

 el aparato represivo del gobierno aprovechó la coyuntura para desarticular en cuarenta y ocho horas las redes clandestinas, mediante la detención masiva de medio millón de personas en una de las operaciones policíacas más grandes de la historia. Estadios deportivos, ministerios, escuelas, sirvieron de cárceles temporales para albergar a cuanto ciudadano no era obviamente adepto al régimen. Después del triunfo, tamizando cuidadosamente a los detenidos, fue puesta nuevamente en libertad la mayor parte de los encarcelados. Tras aquellos azarosos días de abril de 1961, el anticastrismo, desorganizado, derrotado, y con sus líderes asilados en embajadas, detenidos o fusilados, no volvió a tener posibilidades reales de éxito.

La lucha guerrillera anticastrista

El gobierno les llamó bandidos y creó unos Batallones de lucha contra bandidos. No eran bandidos, sino campesinos visceralmente anticomunistas. Sólo campesinos muy duros eran capaces de sobrevivir en las montañas del Escambray, frente al asedio constante de decenas de miles de hombres. Cito el periódico Granma, de mayo 25 de 1970: «Cumpliendo órdenes de Eisenhower –como él mismo confesara–, a los pocos días del triunfo de la Revolución, la CIA empezó a organizar bandas contrarrevolucionarias en nuestras montañas. En las seis provincias de nuestro país existieron diseminadas en diferentes épocas y llegaron a haber 179 bandas asolando los campos de Cuba simultáneamente. Ciento setenta y nueve bandas que integraban 3.591 bandidos alzados y armados por la CIA. Las cifras pueden ser ciertas. Lo que no es verdad es lo de la CIA. De esos 179 grupos guerrilleros, apenas una docena tuvieron contactos esporádicos con la CIA. El gobierno les llamaba «bandidos» y no guerrilleros, para escamotear el hecho evidente de que existía una tenaz y sangrienta oposición campesina que obligó a Raúl Castro a exclamar en el momento del recuento: «¿Qué precio nos costó? Lo más valioso antes que todo: cerca de 500 vidas de nuestros combatientes, algunos casi adolescentes. ¿Cuánto nos costó en recursos materiales? Hubo años que la lucha contra los bandidos nos costó cerca de 200 millones de pesos, y no es una exageración decir que en su conjunto nos costó entre 500 y 800 millones de pesos». (Granma, ob. cit).

 ¿Por qué esa explosión guerrillera, quiénes eran sus jefes? Para entender este largo, cruento y –¿por qué no?– heroico episodio del anticastrismo, hay que tener en cuenta cierto factor regionalista surgido en la época de la lucha contra Batista: Fidel Castro había elegido las montañas de Oriente para desarrollar su acción guerrillera, escenario lo suficientemente abrupto y extenso para operar con cierta seguridad, pero Eloy Gutiérrez Menoyo, Faure Chomón y Rolando Cubela –líder el primero del II Frente Nacional del Escambray, y los segundos del Directorio Revolucionario– habían dado un paso mucho más audaz al crear sus focos guerrilleros en la provincia de Las Villas, en medio del país, en una zona montañosa mucho menos escarpada y más accesible que la Sierra Maestra. Cuando Fidel Castro lanza su invasión hacia occidente comandada por el Che y Camilo Cienfuegos, lo que pretende no es ampliar su frente militar, sino disputarle a los hombres de Menoyo y del Directorio la jefatura revolucionaria de la parte central del país. Tanto temor tenía Fidel Castro a las actividades del II Frente y del Directorio, que probablemente de ahí surgiera su pacto secreto con el Partido Comunista. El PC logró alzar en el norte de Las Villas dos pequeños núcleos guerrilleros, uno al mando de Félix Torres y otro bajo la dirección de Armando Acosta, viejos veteranos del Partido. Lo que el PC le ofrece a Fidel en la Sierra Maestra –convencido el Partido de la eventual derrota de Batista y temeroso del anticomunismo del Directorio y del II Frente– son esas dos guerrillas que operan en Las Villas y que le permiten al 26 de Julio poner un pie en las montañas del Escambray en lo que el Che y Camilo emprenden su difícil trayecto de Oriente a Occidente.

Cuando el Che y Camilo llegan a Las Villas son recibidos con entusiasmo por los comunistas que les han ido calentado la cama, cordialmente por el Directorio, y con franca hostilidad por los hombres del II Frente. Los campesinos de la zona, masivamente, son partidarios de Gutiérrez Menoyo. Este pequeño y delgado revolucionario –nacido en España y exiliado en la adolescencia– es uno de los guerrilleros más valientes e imaginativos que dio la lucha contra Batista. Su carisma no descansa en su formación política ni en sus condiciones de líder –de las que carece–, sino en la leyenda de su valor personal y en su extraordinaria habilidad para ejecutar acciones guerrilleras.

 Es en ese contexto del Escambray, dominado por la figura de Gutiérrez Menoyo, y en el que Fidel Castro no dejó su impronta militar, donde hay que situar el surgimiento de la actividad guerrillera anticastrista. Casi todos los lideres de la guerrilla son caudillos locales que en la lucha contra Batista se habían echado al monte, y que ahora contemplaban la comunistización del país como la obra de gentes por las que sentían una vieja rivalidad. Este fue el caso de Osvaldo Ramírez –casi una leyenda entre los campesinos, y el único guerrillero al que Castro le ofreció tregua y amnistía si deponía las armas. Fue el caso de Porfirio Ramírez, presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Las Villas; de Luis Vargas, Evelio Duque, Edel Montiel, César Páez, Ramonín Quesada, Thorndike, José Andrés Pérez («Rabo de nube», sobrenombre que le vino por andar siempre perseguido por un enjambre de milicianos), Plinio Prieto, Vicente Méndez y otros jefes guerrilleros.

Lo que el gobierno llamó la «limpia del Escambray», operación a cargo de los comandantes Tomassevich y Víctor Dreke, fue una guerra a sangre y fuego que duró varios años, y en la que el gobierno cometió no pocos excesos. Decidido a impedir a toda costa el asentamiento de los núcleos guerrilleros, y sabedor de las simpatías que suscitaban en el campesinado de la zona, el gobierno hizo trasladar poblaciones completas en una táctica que recordaba la reconcentración empleada por el general español Valeriano Weyler en la lucha colonial del siglo anterior.

La táctica militar del castrismo era tan primitiva y costosa como efectiva: cadenas de soldados peinaban palmo a palmo la zona, fusilando en el acto a los alzados. Se utilizaron helicópteros traídos de Rusia y perros de Alemania Oriental. Los alzados capturados eran fusilados rápidamente, frecuentemente sin el trámite inútil del juicio sumario, y sus cadáveres entregados sin pérdida de tiempo al forense, con el objeto de que mediante la autopsia dictaminara qué clase de alimentos habían ingerido los alzados. Este pequeño detalle –maíz, azúcar, cerdo o res– podía ser de utilidad en el rastreo de los sobrevivientes. En un día excepcional, el forense del hospital de Topes de Collantes tuvo

 que hacer treinta y ocho autopsias de otros tantos jóvenes campesinos alzados a los que había visto llegar vivos esa misma mañana.

La «limpia del Escambray», Playa Girón y los intensos días de la Crisis de Octubre (1962) han sido los hitos fundamentales en la elaboración castrista de una mitología posterior al triunfo revolucionario. Parte de la jerarquía militar, luego perfeccionada en academias rusas y checas, recibió su bautizo de fuego en el Escambray. De aquel episodio apenas quedan crónicas, fuera de la visión triunfalista y parcial de la prensa cubana, exceptuando dos valiosos libros debidos al corresponsal de Granma en el frente, el joven escritor Norberto Fuentes, por aquellos años decididamente castrista, pero con suficiente objetividad para no ocultar su admiración por cientos de hombres desamparados, tenazmente idealistas, rodeados por un ejército poderosísimo, pero incapaces de dar o pedir treguas. Los libros se llamaron Cazabandidos y Los condenados de Condado. Andando el tiempo, Norberto Fuentes acabaría, claro, marginado. Peor aún: acusado de intentar salir ilegalmente del país.

Las penúltimas acciones

Después de la Crisis de Octubre, comprometidos los Estados Unidos a la convivencia con Castro, y prácticamente destruidas las organizaciones clandestinas que operaban en el interior del país, algunos grupos, desde el extranjero, comenzaron a organizar acciones comandos. El Comando L, bajo la dirección de Tony Cuesta, ex capitán del 26 de Julio, y de Santiago Alvarez, lograron averiar seriamente el petrolero soviético Bakú. Alfa 66 – nombre críptico que adoptaron Gutiérrez Menoyo y sus hombres– llevó a cabo varias acciones contra instalaciones costeras. El Directorio Revolucionario Estudiantil, en una acción dirigida por Juan Manuel Salvat, el más combativo de sus líderes, ametralló desde el mar un hotel frecuentado por soviéticos.

Tras la excarcelación de Manuel Artime y los brigadistas de Girón (1963), la CIA organizó varias acciones comando, pero meses después los planes fueron eliminados por presión internacional tras el ataque llevado a cabo contra un carguero español, el Sierra

 Aránzazu, al suponer los comandos que se trataba del Sierra Maestra, buque insignia de la marina mercante cubana.

Tres combatientes, entre pocos, con un largo historial guerrillero a sus espaldas, insistieron en regresar a Cuba con el objeto de comenzar de nuevo la guerra de guerrillas: Eloy Gutiérrez Menoyo, Vicente Méndez y Amancio Moqueda, conocido por el sobrenombre de «Yarey». Gutiérrez Menoyo desembarcó con tres hombres en 1966. Al mes fue capturado tras ofrecer una ardua resistencia. «Yarey», por sus múltiples infiltraciones y exfiltraciones en la Sierra Maestra, se había convertido en una figura legendaria para los campesinos orientales. Su fusilamiento fue público con el objeto de probar la muerte de quien parecía inmortal a los ingenuos ojos de la ruralía. Vicente Méndez, tras años de tropiezos y fracasos, logró regresar a Cuba con una guerrilla de varios hombres, pero sólo para caer luchando unas semanas después. Veinte años después, en diciembre de 1991, otros tres jóvenes regresaban en una embarcación a fomentar las guerrillas. Castro los capturaba sin disparar un tiro, pero no vacilaba en fusilar a uno de ellos, Eduardo Díaz Betancourt. Hay en las vidas de muchos de estos hombres una misteriosa voluntad de sacrificio más allá de cualquier aventurerismo. La biografía de todos ellos se reduce a una sola palabra: lucha. Lucha desde la adolescencia, primero contra la dictadura batistiana, y luego contra la comunista. Es realmente patético el espectáculo de media docena de guerreros con simples fusiles emprendiendo jubilosos el viaje hacia una muerte casi segura; pero ese episodio, repetido mil veces en los últimos ciento veinticinco años, parece ser el inevitable fátum de Cuba.

3 pensamientos sobre “14. El anticastrismo”

  1. these are the real Cuban patriots..these are the real mac coy….people now days should read about these incredible hombres..who gave everything they had to see a Free cuba..some of them are still alive and must of south florida dont even know them..!!!
    ……La AAA who had the most amount of deads fighting the tirani of Batista….and like them , many othewr groups….

  2. LIBERTAD,A CUBA,VENEZUELA,ARGENTIANA

  3. FIN DE CICLO
    Por: Rosinda Etchegoyen (h.)

    Todo indica que llegamos a un fin de ciclo, cuyo inicio lo podemos fijar el 1° de enero de 1959: el triunfo de la acción guerrillera en Cuba.
    Según la información, luego de llegar al poder y buscando Fidel darle una orientación revolucionaria al proceso que inicia, piensa en llamarlo “revolución peronista”. Aparentemente el líder cubano veía como importante punto de referencia al líder argentino y quería estrechar relación con el mismo. Por medio de argentinos en la isla, consulta con Perón. Pero el general le hace decir que “peronista” no correspondía y que, en todo caso, podría ser “justicialista”, comunicándole a la vez algo muy importante: antes de decidir nada al respecto, debe hablar con el presidente de los Estados Unidos y comentarle la idea. Los intermediarios transmiten lo conversado a Fidel y acepta la sugerencia. Por lo tanto las personas del caso se dirigen a los EEUU. No los recibe Dwight David Eisenhower sino su hermano Milton, a quien se le plantea la idea de llamar “justicialista” a la revolución cubana. La reacción del yanqui fue inmediata, cortante y hasta violenta, espetándole a sus interlocutores, palabra más, palabra menos: “¡llámenla socialista, comunista o como quieran pero jamás justicialista!”. En consecuencia, poco después la “marca de origen” fue revolución socialista o comunista. Y de ahí a su vinculación estrecha con la ex URSS, había menos de un paso de hormiga. Mientras tanto, Fidel no deja de hacer esfuerzos por acercarse más a Perón, por llevarlo a vivir a la isla. Pero éste, que de tácticas sabía mucho, eludió la invitación apropiadamente una y otra vez. No obstante, Fidel no deja de tender puentes de plata en pos de su objetivo y entonces le otorga beneficios a través del comercio, entre ellos la representación de los tabacos cubanos en una serie de países de Europa. El lector puede preguntar cuál era el interés de Fidel por el peronismo, es decir, por Perón. Pero esto ya es parte de otra historia.
    Mientras tanto, los anticastristas se enardecen, reagrupan, y van gestando el desembarco en Bahía de Cochinos en 1961. Todos saben lo que pasó. Lo que posiblemente no todos sepan es porqué pasó lo que pasó. Esa derrota de los anticastristas no fue el resultado de un fracaso militar sino de una traición sino de un acuerdo. Un solo dato al efecto: los aviadores que supuestamente debían destruir o anular ciertos objetivos en la Isla y comunicar su acción exitosa para que se diera inicio al plan de desembarque en Bahía de Cochinos, no eran anticastristas. Y la falsa comunicación del éxito de su operación en la destrucción de los objetivos propuestos (especialmente un cruce de puentes) fue un engaño.
    Eso apura una serie de medidas que tienen un momento importante en la instalación en octubre de 1962 de misiles soviéticos en Cuba, para darle continuidad al proceso revolucionario. Pero surge la llamada “crisis de los cohetes”, que culmina con la retirada de los mismos y su regreso a la URSS en noviembre de 1962. Fidel se muestra estafado por el retiro de esas armas, pero no puede hacer nada para evitarlo.
    A partir de allí la revolución se radicaliza cada vez más. Y a la vez Cuba se transforma en el eje o centro revolucionario para lo que se da en llamar América Latina.
    ¿Hubo una estafa? Si la hubo, ¿a qué se debió? Ah…. La cosa ya se pone peliaguda… Pero no cabe duda que tiene un profundo contenido geopolítico. Tratemos de avanzar por este camino fangoso.
    El llamado “territorio libre de América” desarrolla una serie de políticas que lo pone en el centro de los posibles cambios revolucionarios. Y por extensión, a Fidel como juez y árbitro de todo tipo de discusión, planteo, plan o estrategia. Y para afirmar ese criterio se recurre a una serie de medidas:
    1° Se plantea la “exportación de la revolución”. El Che juega un papel importante en ello.
    2° Quien se precie de revolucionario en A. Latina debe pasar por Cuba, “fichar” en Cuba. Allí recibirá las instrucciones pertinentes y desde allí se coordinarán sus acciones.
    3° Generar internamente una sociedad que viva bien con lo mínimo indispensable y a la vez crear situaciones “sobresalientes” internamente, en los campos de la educación, la salud y la alimentación para evidenciar la superioridad del socialismo.
    4° Establecer relaciones estrechas con otros países con gobiernos revolucionarios.
    5° Aportar a la revolución en otros lugares: Angola, Mozambique, etc.
    6° Retar y condenar al imperialismo, en especial al yanqui.
    7° Crear mecanismos/organizaciones para potenciar las luchas revolucionarias. Un ejemplo es la OLAS en agosto de 1967.
    8° Declararse “víctima del aislamiento y bloqueo comercial” y de “las penurias económicas debido al bloqueo imperialista”.
    9° Transformar a Fidel en el hombre más controlado y espiado del mundo, así como en el hombre sobre quien se urdían la mayor cantidad de planes en el mundo para asesinarlo, pues de ese modo se alentaba su primacía entre los movimientos revolucionarios del continente.
    ¿A dónde conduciría todo eso?
    Principalmente, a presentar a Cuba como el mayor éxito de resistencia al imperialismo y de logros nuevos, socialistas, transformándola así, a tambor batiente, en el referente obligatorio de todo proyecto de “cambio revolucionario”, el cual, necesariamente, debería ser izquierdista.
    Se puede decir que es notable el éxito que tuvo esa propuesta, ese plan, durante cierto tiempo. Resultó fenomenalmente impactante. Nadie sería digno de llamarse “revolucionario” en nuestro continente si no pasaba por La Habana, si no aceptaba la guía, el consejo de Fidel, si no comulgaba con el “territorio libre de América”, el “primer país socialista de América”, el “primer país libre de analfabetismo”, el país del “Patria o Muerte ¡Venceremos!”, el país de “Cuba sí, yanquis no”, el país de otras consignas por el estilo. Y hasta tal punto Fidel es triunfante en su causa revolucionaria, en su “resistencia al imperialismo”, que cae el muro de Berlín (1989), cae la URSS (1991), desaparece el “socialismo” en Alemania Oriental, en Polonia, en Checoslovaquia, en Hungría, en Yugoslavia, en Rumania, en Bulgaria, en Lituania, en Letonia y en Estonia; desaparece el comunismo en Afganistán; cambia notablemente el signo socialista de Angola, Argelia, Libia, Benín, Rep. Pop. Del Congo, Mozambique, Camboya, Laos, China, Mongolia, Vietnam y Yemen, pero Cuba sigue su sendero revolucionario socialista. ¡Es algo sorprendente! Pero esa misma sorpresa hace que uno se pregunte: ¿Por qué? En este sentido, es interesante observar que los imperios siempre dijeron que eran los defensores de la “libertad” y que donde esta fuera conculcada o corriese peligro, allí estarían ellos para restaurar la trilogía, por demás teórica, de “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, que para ellos es “libertad de mercado”, “fraternidad con los poderosos y/o esclavistas” y una mentirosa “igualdad de oportunidades”. Pero si observamos cómo se aplica ese criterio en el caso de dos países, la diferencia que hay entre una y otra aplicación es chocante a la vez que sugestiva, interpelante: ¿cómo es posible que los imperios hayan invadido –en salvaguarda de la “libertad y de la democracia”– un país como Afganistán en donde siempre se dijo que vivir allí sin ser de la zona era más difícil que vivir en la Luna, pero nunca hayan invadido en salvaguarda de las mismas “libertad y democracia” la isla de Cuba? ¿Cómo es posible que lugares tan remotos, con una gran cantidad de serios problemas de logística e idioma, sean ocupados, invadidos, pulverizados, saqueados, en tanto Cuba, la “heroica Cuba”, se mantenga a salvo de tales agresiones? Creo que es una pregunta destacada para los codiciosos buscadores de la verdad….
    Es evidente que algo pasaba y pasa, algo que no podía ser percibido fácilmente o algo que al propio “enemigo” le interesaba que no se devele. Que yo me acuerde, la mayoría de las explicaciones sobre la no invasión de la isla que escuché son, como mínimo, ridículas: “es la decisión más correcta políticamente”, “Cuba caerá sola, como una fruta madura y eso es lo que más conviene”, “Cuba aún tiene las bombas atómicas que se enterraron en las playas cuando la crisis de los cohetes con Nikita Kruschev (en verdad, la más risible de todas)”, “EEUU no invadirá Cuba por temor a la resistencia armada (tan o más risible que la anterior)”, “EEUU no invadirá Cuba porque sabe que el pueblo cubano morirá hasta el último en defensa de su revolución”, “EEUU no invadirá Cuba por temor al levantamiento de toda América Latina en su defensa” (permiso, voy a vomitar de la risa: invadió o dirigió la invasión/destrucción del México de Zapata, de la Guatemala de Arbenz, de la Nicaragua de Sandino, de El Salvador de Farabundo Martí, del Chile de Allende, de la isla de Granada de Bishop y saboteó, derribó o colaboró en la destrucción de muchos otros procesos independentistas, pero ¡va a tener miedo de invadir Cuba! ¡Por favor, dejemos a un lado los cuentos para niños!). Incluso es interesante echar una mirada a un lugar de la web, que se ocupa del tema, en el que se usan, justamente, algunas de los argumentos planteados aquí:
    https://ar.answers.yahoo.com/question/index?qid=20090723144450AAEv3ok
    Bien, bien. Entonces, si todas las explicaciones de porqué no se invadió Cuba hasta ahora resultan absurdas, la pregunta sigue en pie: ¿Por qué no se invadió Cuba? ¿Por qué siempre fracasaron todos los planes al efecto? ¿Por qué siempre fracasaron los planes alternativos, especialmente los tramados para asesinar a Fidel?
    Como bien se dice, nada es casualidad, es decir, todo tiene una causa. Entonces podemos hacer otro tipo de pregunta y ver si nos echa luz en la materia: ¿cuál es la causa o idea que siempre ha primado, evidentemente, para mantener a Fidel y a la revolución cubana con vida?
    Retrocedamos. Fidel, apenas tomada La Habana, se dirige a EEUU donde se presenta como esperaban los yanquis: el hombre que llevaría a Cuba al sendero de la “democracia”. Por eso los yanquis siempre lo habían apoyado en un juego a dos puntas. Me explico: por una parte suministraban armamentos a Fulgencio Batista y por otra parte la prensa “independiente” de EEUU mostraba su simpatía por la figura del dirigente nacionalista cubano (no olvidar que Fidel proviene de las filas de un partido nacionalista, no comunista o socialista). El gobierno de EEUU había visto con buenos ojos la aventura de Fidel, pues de esa manera se sacaba de encima al “limón exprimido” de Fulgencio Batista y lo reemplazaba por uno nuevo con la aureola siempre simpática de “guerrillero heroico triunfante”. Es decir, estaba más o menos seguro que Fidel reportaría a EEUU, se brindaría a las barras y las estrellas, serviría a sus intereses, bajo un plan tipo “democracia”, como el que instrumentaron en Argentina con Alfonsín y que para el imperio era el que correspondía luego de un gobierno de “mano dura”: desde su punto de vista, la mejor manera de manejar un país es bajo la apariencia de que su gobierno funciona mediante la división de poderes, de que los partidos políticos se comporten democráticamente (nota de la escritora: ¿qué significa “democracia”? Esto da para redactar cientos de páginas. O solo varios renglones terminantes), de que las leyes son aprobadas por las cámaras luego de una amplia discusión y con total libertad, de que se mantiene la defensa acérrima de los derechos humanos (nota de la escritora: otro tema que da para para redactar cientos de páginas. O solo varios renglones terminantes), de que se defiende sin tapujos la libertad de expresión y las libertades públicas en general, etc.
    Pero Fidel no jugó ese papel porque, seguramente, él tenía otro libreto o para él había otro libreto. Y en vez de ese “ensueño democrático” lo que se visualiza es una agudización del antiimperialismo en la isla acompañado de una serie de situaciones críticas en lo económico. Es decir, crisis en la producción de caña de azúcar, en la producción de bovinos y cerdos, etc.
    En ese punto alguien puede decirme que está claro que el plan revolucionario de Fidel era auténtico, pues junto con los “duros” de su equipo controlaron inmediatamente y muy de cerca a los Humberto Matos y a los Camilo Cienfuegos, corriéndolos de la primera plana. Puede ser. Pero también puede no ser. Si el plan del imperio, digamos, secreto, era hacer jugar a Fidel el juego de la revolución, resultaba más que necesario deshacerse de quienes pudiesen, sin saberlo, hacerlo fracasar, a la vez que mostrar a la isla “revolucionaria”, “asediada”, ya que eso aportaba a la condición de “heroica y resistente”. De ser así, es muy posible que los disidentes o críticos hayan sido entregados o denunciados a Fidel por el propio imperio estadounidense.
    Los EEUU rompen con Cuba en 1960-61 y entonces Fidel se inclina/lo inclinan hacia el otro campo en el gran juego geopolítico, es decir, hacia el campo de la URSS y declara socialista a su revolución luego del intento de invasión por parte de los anticastristas en Bahía de Cochinos.
    Con esa definición resuelve, de hecho y en principio, una gran cuestión: la económica, pues pasaría a contar con la ayuda del bloque soviético. Pero la crisis de los cohetes rusos al año siguiente (1962) junto con la expresión de bronca-desesperación de los cubanos manifestada a través de la archiconocida consigna “Nikita mariquita, lo que se da no se quita”, marcaría un punto de inflexión de tremendas consecuencias: se da otra vuelta de hoja en la historia de Cuba.
    Si suponemos que Fidel actuó siempre honestamente, el período que sigue habría sido de grandes reflexiones y cuestionamientos para él: ¿había percibido la imposibilidad de realizar ya no una revolución socialista sino, aunque más no sea, cambios más o menos profundos en lo socioeconómico, estando dentro de la órbita de influencia capitalista y, como si fuese poco, a no más de dos zancadas de los EEUU? ¿Fue recién entonces que hizo conciencia de que en una pulseada con el imperio occidental era absolutamente utópico llevar a cabo ese tipo de modificación? ¿Será que recién entonces se dio cuenta de manera diáfana de los elementos con que contaba el imperio para enchalecar su pretendido proceso revolucionario en un achatamiento penoso, apenas tolerable, como sucedía en mayor o menor medida en el conjunto de Latinoamérica y otros estados caribeños? ¿Será que recién despertó a la realidad de que el imperio –al cual con inocencia o ingenuidad pretendían combatir Fidel, el Che y otros– podía usar armas biológicas para estropearle el desarrollo en la isla, como lo hizo a través de sembrar desde el aire la peste porcina, la roya para afectar la caña de azúcar, etc? Lo peor de todo, desde el punto de vista de la honradez, sería que Fidel ya hubiese sabido todo eso de antemano y actuara en consecuencia, pues ello lo retrataría como un traidor y no como un revolucionario fracasado. De todos modos, lo que sí es evidente es que Fidel decidió apelar a una medida que pondría a la orden del día una máxima de larga data: “Si no puedes con tu enemigo, negocia con él o únete a él”. Y posiblemente, el momento para hacerlo, aunque no lo hubiese elegido, era extremadamente favorable. Metámonos pues en ese “momento extremadamente favorable”.
    Para empezar, cronológicamente estamos en los inicios de una serie de movimientos de orientación guerrillera en Latinoamérica que se dan a principio-mediado de la década de 1960 [los “Uturuncos”, el Ejército Guerrillero del Pueblo (Masseti) y las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (Bengochea) en Argentina; el Frente Sandinista de Liberación Nacional en Nicaragua; “Tupamaros” en Uruguay; Fuerzas Armadas de Liberación Nacional en Venezuela], más o menos larvadamente, a lo que, indiscutiblemente la teología de la liberación y la Populorum Progressio aportan lo suyo. Se podría decir, según algunos, que habían surtido efecto las enseñanzas de la revolución cubana. Se agita en todo el continente y en otras partes del mundo la idea de la insurrección generalizada e incluso la insurrección continental. Dijo alguien:
    La revolución Cubana no fue solo un impulsor de nuevas ideas a lo largo de Latinoamérica, sino que también fue un parte aguas para los movimientos populares que debido a esta se produjeron, y una de las causas fundamentales del crecimiento y propagación de guerrillas; características fundamentales desde la década de los 60’s en América Latina. (http://rockanneroll.tumblr.com/post/2597079576/breve-an%C3%A1lisis-sobre-la-influencia-de-la)
    La conocida consigna del Che, “Crear dos, tres… muchos Vietnam”, también de esa época, deja en claro en qué marco se inscribía. El plan era que todo fuese canalizado, encuadrado, manejado, disciplinado bajo la batuta de Fidel. Y el éxito de Fidel en esto fue innegable. Se entra en una fase que hoy día, a la distancia, podemos calificar de “primavera latinoamericana”. Es decir, al igual que con la “primavera árabe”, los idealistas y defensores de situaciones socioeconómicas más justas, pensaban que se abría una época de verdaderos cambios “progresistas”, como gusta a muchos denominarlos.
    Esa “primavera latinoamericana”, aparentemente, hacía florecer situaciones de cambios prerrevolucionarios, desde México a T. del Fuego. Por ejemplo, me contaba el dirigente de un grupo guerrillero en Argentina que para los años 1974-1975 se contabilizaban en nuestro país unos 60-80 grupos u organizaciones con pretensiones revolucionarias de mayor o menor medida. Y me contaba también que se hicieron muchos intentos por hacerlos confluir en un “frente común” e incluso en una sola organización. Y esto último era, evidentemente el objetivo final: primero algo así como un “frente común” pero en definitiva todos al pie de una sola organización. Y agregó mi “historiador” y ex dirigente guerrillero: “el caso de Rodolfo Ortega Peña es un ejemplo muy claro de esto. A este dirigente peronista lo asesinan en 1974 porque honestamente quería conformar un polo revolucionario sin ir al pie de nadie. Por eso, de hecho, lo dejan solo, lo que significaba sin protección, frente a los atentados terroristas que eran implementados por estructuras paramilitares. Y el propio Ortega Peña marca la existencia de esas «fuerzas en la sombra» que son las que tejen y destejen muchas cosas políticamente hablando, fuerzas que nunca se presentan a la luz pública sino que actúan a través de marionetas o creando grupos de los más diversos tipos para que ejecuten sus mandatos y órdenes. Sostenía al respecto Ortega Peña: «Las llamadas ´guerras civiles argentinas`(o acciones violentas, agrego yo) tienen siempre como protagonista oculto a una potencia europea que trata de hacer entrar al país en su red colonial, directa, como en los casos de la agresión francesa, o indirecta como en la mayoría de las tentativas británicas». Y luego agrega: «las guerras civiles (o acciones violentas, agrego yo) eran guerras nacionales debido a la presencia de las potencias de la época, en una forma manifiesta o en una forma oculta».
    Es decir, eso que aplicaban, y aplican, las potencias extranjeras (caso actual de Libia, Siria Irak, Ucrania), también se aplicaba, y aplica, a nivel interno cuando las confrontaciones o diferendos no llegaban o llegan a ser una guerra civil. Por supuesto, algunos grupos pudieron lanzarse a la lucha sin ser instrumentados desde fuera, pero su accionar perdía incidencia rápidamente e incluso desaparecían. Lo dicho vale, en general, para toda Hispanoamérica de las décadas de 1960-70 e incluso 80. La “mano negra” en Guatemala, los “escuadrones de la muerte” en El Salvador, la “Triple A” en Argentina, etc., no eran más que grupos paramilitares de extrema derecha o grupos de militares que trabajaban clandestinamente para hacer el trabajo más sucio. Si se daba la posibilidad, esos grupos adoptaban la forma política, es decir, buscaban la identificación con algún sector político, con el objeto de desviar toda sospecha de que se trataba de operaciones militares o paramilitares encubiertas. Un caso típico es el de la “triple A” en Argentina, a la que se le colocó el tinte de “peronista de derecha”, cuando, por los datos que obtuve, no era otra cosa más que las “tres armas”, es decir, las tres fuerzas armadas (Ejército, Marina y Fuerza Aérea), las cuales combatían entonces especialmente al peronismo con el objeto de hacerlo desaparecer del escenario argentino. Y sobre esto, en lo que hace a Guatemala, hay una nota muy interesante (http://noticias.univision.com/article/1836240/2014-02-01/impresiones/sargento-garzon-al-servicio-de-la-mano-negra): «El sargento Bernardo Alfonso Garzón es la prueba viviente de cómo los ejércitos de Latinoamérica han sido los brazos armados de los poderosos. Garzón, a quien también conocí como Lucas…….. Tras el rostro afable y protector de Garzón se escondía un duro militar que trabajaba en una secreta oficina de “operaciones especiales” de la Brigada 20, conocida como “la gerencia”, situada en el Batallón “Charry Solano” en el sur de Bogotá (cualquier parecido con el Batallón 601 de inteligencia del Ejército en Argentina no es casualidad). Casi todas las fuerzas armadas de América Latina han tenido una unidad similar cuya función es hacer acciones fuera de la ley: detener sin orden judicial (léase secuestrar), torturar, si es del caso desaparecer los cuerpos y hasta hacer allanamientos ilegales e implicar a inocentes en crímenes. La mayor parte de quienes integraban estas unidades castrenses fueron alumnos aventajados de la famosa Escuela de Las Américas en Panamá, un centro de estudios militares dirigido por el gobierno de los Estados Unidos, donde se les enseñaba prácticas de persuasión (tortura) y otros métodos represivos. Esa escuela es ahora el Instituto del Hemisferio Occidente para la Cooperación en Seguridad, con sede en Fort Benning, Georgia. Fue ilustre discípulo de esas aulas, el general Otto Pérez Molina, hoy presidente de Guatemala, con un oscuro pasado en la guerra civil de su país y quien me aceptó en una entrevista que él era el famoso “Comandante Tito”, a quien han acusado de haber sido torturador y ejecutor de matanzas colectivas. Ese pasaje de la historia es conocido como el genocidio guatemalteco de los años ochenta (Todo parecido con las “3A” y los “grupos de tarea” de las fuerzas armadas de Argentina, tampoco es casualidad)».
    Retomemos el hilo de mi relator de la historia. Me dijo que los intereses político-ideológicos hacían imposible una unión como la que quería Ortega Peña, cuya muerte se debió a que lo que no se conseguía por las buenas se conseguía por las malas, aplicando una vieja táctica adjudicada a Trotsky: si no puedes sumar a alguien voluntariamente, mátalo o entrégalo al enemigo para que lo mate él. O sea, a Ortega Peña y a otros con su forma de pensar, si bien los mataron fuerzas paramilitares, los verdaderos asesinos eran quienes los dejaban indefensos frente a esos esbirros. Y me comentó luego que la Argentina era un caso muy particular de ello.
    Da la casualidad (¿o no?) que en el caso argentino las principales organizaciones “revolucionarias” que quedaron en pie y capacidad de algún tipo de combate real fueron el Ejército Revolucionario del Pueblo y Montoneros, las cuales respondían a Cuba, en tanto las demás “desparecieron”. Dicho en otras palabras, fueron “entregadas al enemigo” o “desbarrancadas” o simplemente se diluyeron. (¡Me imagino cómo más de uno pondrá el grito en el cielo al leer esto!).
    Claro, cualquiera puede decirme: ¿cómo demuestra todo lo que dice?. Algunas cosas se pueden demostrar y otras no, para las cuales solo nos valemos de testigos, testimonios. Por suerte aún hay mucha gente viva de aquella época que si llega a leer este escrito podría testificar al respecto.
    Buscando documentación por aquí y por allá, me topé con un historiador “neutro” que se dedicó a registrar los hechos de la década de 1970. Me dijo que lo que muestra la realidad es que grupos u organizaciones marxistas se quedaron con el control de los hechos de “izquierda” en Argentina y en prácticamente toda América Latina, bajo la “paternidad” de Cuba. Es decir, Cuba consiguió su objetivo: controlar a todos los grupos, organizaciones o movimientos revolucionarios en la llamada Latinoamérica. Por supuesto, una pregunta cae de maduro: ¿para qué quería Cuba ese control?
    Aquí debemos retroceder en el tiempo.
    Habíamos visto que en 1962 se produjo la llamada “crisis de los cohetes”, al retirar la URSS el armamento que había llevado a Cuba. Entonces esta se queda indefensa en caso de un importante ataque por parte de los EEUU.
    También vimos que el intento de invadir Cuba por parte de los anticastristas fracasó (¿fracasó o el fracaso ya estaba arreglado?), al igual que las decenas de intentos para asesinar a Fidel.
    Según Kruschev, él retiró el armamento soviético de la isla porque ya había arreglado con Kennedy que EEUU no atacaría “el territorio libre de América”.
    ¿Me siguen, no? El imperio yanqui ocupa zonas muy lejanas con grandísimos problemas de logística y a un costo económico elevadísimo, para cumplir con el papel, autoimpuesto, de “defensa de la libertad y lucha contra la tiranía y la opresión”. No obstante, aunque el castrismo se ubicaba para los yanquis dentro de los conculcadores de la libertad y Fidel era un tirano y opresor, Cuba queda exceptuada de la ocupación. ¿Raro, no?
    El significado de ese acuerdo, entendimiento, concordancia, mismos puntos de vista o como se lo quiera llamar, se advierte con gran claridad ante la confabulación que se urde para llevar al matadero al Che Guevara. Como todos saben, el Che fue entregado, traicionado y resultaría asesinado, como se lo había advertido Perón, quien intentó disuadirlo de su misión en Bolivia. Ese fue el precio que le hicieron pagar por querer hacer una revolución en serio, sin “ataduras” sin ir al pie de nadie, como pretendió Ortega Peña. El Che, a sabiendas o no, rompía un acuerdo que, aunque no escrito, existía, y por medio del cual Cuba quedaba exceptuada de ataque-invasión por parte de los EEUU. ¿Qué significa todo esto?
    Metámonos en el chiquero de la historia.
    Fidel triunfa en Cuba pero no como “comunista” sino como nacionalista antiimperialista, pues provenía del Partido Ortodoxo de E. Chibás. Se plantea una serie de medidas populares, como las propiciadas por Jacobo Arbenz en Guatemala en 1951 a partir de una moderada reforma agraria, sin salirse del capitalismo. A Arbenz lo voltea la CIA por medio de un operativo político-militar. Pero a Fidel no. La misma CIA, tan ducha en campañas desestabilizadoras y generadoras de golpes de estados y masacres, lo tolera.
    Abandonada la idea de una “revolución justicialista” por parte de Fidel (la que sí le hubiese costado la cabeza), se vuelca hacia la URSS, hacia el comunismo, cosa con la que EEUU no tenía ningún problema, como ya dejamos señalado. Dándole el beneficio de la duda, aceptemos que Fidel, al ir a derrocar a Batista, deseaba sinceramente concretar una revolución popular. Pero ya en el papel de socialista o comunista con la URSS, tomó un camino en el que no era posible ni el cambio ni la marcha atrás. Es importante saber porqué eso era así. Entonces volvamos a retroceder históricamente para enterarnos. Remontémonos al fin de la Segunda Guerra Mundial (IIGM). El panorama era el siguiente: Europa, Japón y la URSS, destruidas y el único poder pleno, incontestable en el planeta era EEUU.
    Pero en esa Europa destruida había una situación muy particular, pues las fuerzas comunistas de distintos países (Francia, Grecia, Italia, etc) tenían un importante peso específico político, un importante volumen de armas, una importante capacidad de combate y una importante ocupación territorial. Todo ello podía llevar, mediante un pequeño empuje o, dicho en otras palabras, mediante un levantamiento armado, a tomar el control gubernamental en una serie de naciones. Pero Stalin, que era el que tenía que decidir tal cosa al ser prácticamente el jefe de los comunistas del mundo, no consideraba primordiales los intereses del “proletariado mundial” sino los intereses de la URSS. Y así como acordó con los yanquis para que le envíen pertrechos durante la IIGM, también acordaría ahora con EEUU según los intereses soviéticos, no según la situación o los intereses de los comunistas de otros países. En Grecia los comunistas (bajo la denominación “Ejército Democrático Griego”) se lanzan a la lucha en la última etapa (1946), descontando la ayuda de Stalin. Pero este rehúsa el apoyo bajo argumentos que encubrían el verdadero motivo. Por supuesto, los comunistas griegos levantados en armas terminan derrotados. En otras partes, como en Francia, donde la influencia comunista llegaba a un cuarto de la población, algunos pensaron en hacer lo mismo que los griegos pero la “experiencia” griega los frena. Esa práctica de abandonar a su propia suerte o sabotear la tarea de los “críticos” o disidentes, ya la había aplicado la III Internacional (stalinista) en América Latina en la década de 1930 en el caso del comunista, gran pensador y activista peruano Juan Carlos Mariátegui. Y se aplica también con el Che en 1967, a través de “los medios adecuados”, entre los que se contaban los partido comunistas de Bolivia, Perú y Argentina.
    Creo que ya podemos entrar a recapitular.
    Stalin demuestra que “los intereses del proletariado mundial” pasan exclusivamente por los intereses de la llamada “madrecita Rusia”, de la cual se acordó repentinamente cuando necesitó apelar a los sentimientos más profundos del pueblo ruso en la IIGM, a la vez que establecía que el “padrecito” de Rusia era él. No está demás dejar asentado la manera en que Stalin utilizaba todo lo que le resultase conveniente, incluso si se tenía que pasar por los pies la ideología, pues eso se repetirá en la “izquierda revolucionaria” y en la Cuba de Fidel. Por ejemplo, en los momentos álgidos de la IIGM Stalin recitó ante el pleno de la Comisión Política del Comité Central del Partido Comunista de la ex URSS una vieja cancioncilla: “eres pobre, madrecita Rusia, pero estás llena de posibilidades; eres grande, madrecita Rusia, pero débil e inerme como un niño”, como forma de promover la defensa del territorio por parte de la misma gente que él estaba, prácticamente, condenando a la hambruna. Es decir, Stalin dejó de lado la ideología y apeló al patriotismo, al nacionalismo ruso. De la misma manera, usó, en la medida que consideraba que le hacía falta, la religión, a pesar de que al principio la persiguió de una manera implacable (todo parecido con Cuba y sus adláteres no es casualidad). Y jugando con la adulación y la amenaza de muerte, hizo que el metropolitano (arzobispo) de Moscú lo proclamase en 1942 “caudillo elegido por Dios”. Y como favor con favor se paga, el dirigente ruso ordenó que se reuniera la Conferencia Episcopal para restablecer el patriarcado de Moscú y elegir al patriarca, que por supuesto, no podía ser otro que quien lo había designado como caudillo. Ese patriarca hizo emitir de inmediato a la Conferencia Episcopal un comunicado dirigido a la feligresía en el que se la llamaba a sacrificarse en la “sagrada lucha por la patria bolchevique”, en tanto los obispos emitían el agradecimiento por “la constante preocupación paternal” del camarada Stalin por el bienestar de la iglesia. ¡Nunca más cierto aquello de “cosas vedere Sancho que non credere”, pero, claro, bajo el manto de la hipocresía total! Todo parecido con la relación de Fidel con importantes sectores de la iglesia (católica y evangelista), no es casualidad.
    Evidentemente Stalin promueve, da luz verde para que, en Grecia, la guerrilla y las fuerzas militares comunistas se lancen a la conquista del estado. (La misma luz verde que le dio Bush a Saddam Husein para que ocupe Kuwait. O la misma luz verde que le dio Reagan a Galtieri para que se lanzase sobre las Islas Malvinas). Esa jugada traidora encerraba la entrega de los “camaradas” griegos al enemigo para que sean exterminados o aplastados para siempre. De esa manera se resellaba el acuerdo con el “enemigo capitalista” en función de mantener viva a la “madrecita Rusia”. Y el resto de los stalinistas europeos entendieron muy bien el mensaje: ciertos países de Europa quedan para los EEUU y nadie debe objetar esa decisión.
    Esa política se aplica globalmente. Es decir, el stalinismo pasa a tener agentes “defensores de la madrecita Rusia” en cada representación de la III Internacional, en cada partido comunista de todo el mundo, en cada organización de cualquier tipo que respondiese a los dictados de Stalin.
    En ese marco, en ese camino, por supuesto, son liquidados, asesinados, dejados fuera de juego miles de disidentes. Y esa ola llega a Hispanoamérica. Un ejemplo es el ya citado de J. C. Mariátegui en 1930, a modo de firme advertencia de que todo el que se oponga, cuestione o ataque al stalinismo se condena a ser “anulado”, abandonado, aislado o asesinado.
    ¿Difería en algo, en lo esencial, esa política de Stalin con la de los imperios de Occidente? Creo que para nada. Todo lo contrario. Es decir, Stalin adopta criterios políticos de los “enemigos” y los aplica a rajatablas.
    De ahí que EEUU ponga el grito en el cielo ante la propuesta de llamar “justicialista” a la revolución cubana pero que no tenga ningún problema en que se la llame comunista o socialista.
    Luego de sus primeras idas y vueltas, es evidente que Castro hace conciencia de que su revolución idealista (pensando lo mejor de Fidel) no era factible y adopta la política de Stalin: defender la existencia de Cuba. Por supuesto, eso tenía su precio: acordar con el enemigo o supuesto enemigo.
    Bajo los auspicios de EEUU y alineándose al bloque soviético, Fidel no sella solo su destino sino el de muchos, muchísimos luchadores revolucionarios hispanoamericanos. Dicho en otras palabras, para que se entienda bien, en el “tratamiento” de Trotsky y Mariátegui (asesinado el primero, desbarrancado o aislado el segundo) operan los stalinistas. Y más adelante, otros, muchos otros, caerán ejecutados o desbarrancados por el castrismo. Si se quiere, se puede empezar con Camilo Cienfuegos, H. Matos, Jorge Masetti, Camilo Torres y el Che Guevara, a título de figuras significativas.
    El acuerdo, a pesar de la “guerra fría”, entre Stalin y los anglosajones, es pleno.
    Ese acuerdo es heredado o hecho suyo por Castro. Dicho en otras palabras, Castro es el Stalin de Hispanoamérica y otros estados caribeños, coordinando su accionar con los anglosajones, manipuladores principales de la política mundial en el hemisferio occidental y más allá.
    En este sentido, entiendo que Castro es la herramienta anglosajona (y quizás también socio) más destacable en el manejo de los intentos liberadores en sociedades sojuzgadas. Castro resulta superior a cualquier dictador-opresor, militar o no, a lo largo y ancho de Hispanoamérica. Resulta superior en ese papel a los gobernantes europeos después de la IIGM. Resulta superior a cualquier dictador-opresor africano o asiático sobre sus pueblos: nadie se le equipara en su servicio a los anglosajones y en el éxito en su tarea.
    A partir de esto se puede empezar a entender de manera lógica qué es lo que hizo que Kennedy frustrase la invasión a Bahía de Cochinos; qué es lo que hizo que fracasase toda real oposición interna a Fidel, oposición que se apoyaba y apoya en los sucesivos gobiernos anglosajones.
    Con lo dicho antes se ve la absoluta lógica que hay en el hecho de que los EEUU invadan Afganistán e Irak o promuevan golpes de estado en los más distintos lugares del mundo pero nunca hayan intentado mover, aunque más no sea, un solo dedo, para efectivamente derrocar a Fidel o tomar la isla por asalto con su espectacular aparato militar. En cambio, una y otra vez hizo “gestos”, “simulacros”, escenificaciones teatrales (“condenas”, “amenazas contundentes”, planteos, ostentoso “apoyo” a los anticastristas, “complots” para asesinar a Fidel) y cuanta cosa se le ocurriese, para que siempre todo quedase en agua de borrajas. Más aún. Buscan, ubican y ejecutan a Saddam Hussein y a Bin Laden (suponiendo que realmente estén muertos y no protegidos con identidad cambiada) a miles de kilómetros del territorio yanqui, pero “no pueden” terminar con Fidel. Como se dice comúnmente, ¡a otro perro con ese hueso!
    Suponiendo, una vez más, que Fidel fuese honesto, ¿qué “precio” debía pagar por la “protección” que le brindaba el gobierno de EEUU? Dicho en otras palabras –dado que favor con favor se paga–, ¿qué debía hacer Fidel para apuntalar la plena vigencia de la “ayuda”, independientemente de que los yanquis simulasen estar en su contra, pergeñasen planes en su contra y aplicasen el “bloqueo económico”? Hay un viejo adagio que dice: “toda mentira, para hacerla creíble, debe tener algún elemento de verdad”. Entonces, lo que debía hacer Fidel era mostrarse como enemigo de los anglosajones pero trabajar para ellos.
    Si bien entiendo que con lo dicho hasta ahora ya se ve todo muy claro, creo interesante referirme a algunos otros resultados de mis investigaciones.
    Corría el año 1999-2000, cuando conocí, en función de esta pesquisa, a un hombre bastante particular, del cual también busqué informes y antecedentes sobre su persona, en nuestro continente y en otras partes del mundo, con el objeto de tratar que no me vendan “carne podrida”.
    Ese hombre tenía entonces 57 años y su nombre era Norberto Ceresole. Se trataba de un argentino con estudios terciarios, politólogo y sociólogo que accionó y se movilizó bastante intensamente a lo largo del planeta, en especial en Hispanoamérica. No voy a hablar de su vida y de su obra, porque eso se encuentra en muchas partes, a través de sus escritos, etc. Voy a hablar, sí, de lo que conversamos nosotros dos, cosas que, sorpresivamente, no he visto reflejadas prácticamente en ningún lado.
    Esa conversación la tuvimos del otro lado del charco. Lo vi, a la vez, reservado y locuaz. Y de un hablar muy amable, lo que no quiere decir que no defendiese sus argumentos con garras y tesón, con énfasis hasta explosivos, terminantes.
    Por su parte, él también me indagaba para ubicarse con quién estaba tratando y qué era lo que yo pretendía averiguar, aclarar, desentrañar. Pasado ese momento nos metimos en el barro de una historia que, como dije, no vi relatada-manifestada-mencionada por nadie.
    Me contó cómo trabajó al lado del ex presidente peruano Velazco Alvarado (1969) por varios años, analizando y resolviendo criterios de funcionamiento a nivel estatal con el objeto de liberarse de los tentáculos del imperio y de sus cipayos en el país; de la manera en que Velazco Alvarado fue traicionado por su propio yerno (según él por estar al servicio de los antes mencionados); cómo el enemigo cortó o saboteó la producción de petróleo y se valió de la metodología del ultrasonido para alejar los cardúmenes de peces de la zona: ambas medidas harían tambalear la economía peruana. En definitiva, cómo cercaron y voltearon a Velazco Alvarado o, mejor dicho, su intento revolucionario.
    También me habló de cómo trabajó y expuso sus ideas a Hugo Chávez; cómo recorrió con éste Venezuela de norte a sur y de este a oeste; cómo planificaron los más distintos aspectos de una política liberadora del sojuzgamiento imperial y sus servidores locales; cómo el vicepresidente José Vicente Rangel (al que ya tenía catalogado de servidor de los anglosajones), lo amenaza de muerte poco antes del 2000 si no se iba de Venezuela en un plazo de 48 horas.
    Me contó también otras cosas que tienen que ver con mi tesis, las que iremos viendo.
    Me informa que como titular de un sillón en la Academia de Ciencias de la ex URSS, fue llamado por el Ejército Soviético, el cual le hizo la propuesta de ir a Cuba en función de que suministrara información directa de distintos acontecimientos y datos referidos a la isla. Me explicó que los soviéticos, aunque tenían a Fidel absolutamente de su lado –lo que, según él, creó chisporroteos de distintas intensidades con el Che–, se aseguraban, o mejor dicho, se reaseguraban el control mediante, de hecho, el espionaje. Esa era la tarea que le encomendaban a Ceresole.
    En función de ello se vinculó bastante estrechamente con quien manejó la Dirección General de Inteligencia. Dicha persona era Manuel Piñeiro, conocido también como “Barbarroja”. Este fue el hombre, elegido por Fidel, para atender, entre otras cosas, el accionar de los movimientos armados revolucionarios de hispanolusoamérica y el Caribe. Mi interlocutor expresó que Piñeiro tenía una gran capacidad, era sumamente inteligente y sobretodo astuto. Me manifestó que se desarrolló una relación de mucha confianza entre ambos y que poco a poco fueron tocando, cada vez más, temas muy delicados de la política continental cubana. Agregó que a él le resultaba lógica la muerte de Piñeiro anunciada en 1998 pero, por supuesto, no en un accidente automovilístico sino como producto de un asesinato bajo la apariencia de un accidente. Y esto me lo contó porque tenía que ver con mis preguntas respecto a qué había sucedido para que toda la lucha armada revolucionaria en hispanolusoamérica y el Caribe fracasara, con excepción de Cuba.
    Lo que me manifestó hizo que se me helase la sangre, pues tenía que ver de manera plena con las mismas deducciones a las que yo había llegado a partir de mis investigaciones y análisis.
    Me dijo que en una de las tantas entrevistas con Piñeiro, en esa oportunidad tomando un trago en el malecón de La Habana y acompañados por una brisa muy acogedora, se produjo un diálogo que lo impactó. Estaban hablando, precisamente, de la derrota generalizada de los movimientos revolucionarios en el continente, cuando Piñeiro le expresó, palabra más palabra menos: “y ya has visto, desgraciadamente lo tuvimos que hacer para mantener con vida la revolución cubana”. Ceresole me aseguró que aunque no entendió muy bien a qué se refería Piñeiro, movió la cabeza asintiendo, como si lo supiese perfectamente. Y agregó que se le ocurrió pensar que seguramente Piñeiro sabía que él era agente soviético y por lo tanto ya estaría al tanto de todo. Luego Piñeiro volvió a hablar: “y sí, tuvimos que entregar a toda la guerrilla de América Latina”. Me dijo Ceresole que en ese momento, a pesar de que él era ducho en el manejo o forma de comportarse frente a revelaciones como esas, su espíritu, su sorpresa, su indignación, su estupor, de alguna manera se presentaron en su rostro. Opinó Ceresole que Piñeiro se apercibió de ello y también de que había hablado de más, por lo que hizo un giro de 180 grados en la conversación. Y luego, en los días siguientes, lo esquivó siempre que pudo.
    Con todo lo expuesto y sin una respuesta lógica, racional, creíble, a la pregunta de¿por qué Cuba nunca fue invadida por el imperio?, entiendo que Fidel y su régimen deben ser condenados bajo los cargos de genocidas, criminales de lesa humanidad (La definición de crimen de lesa humanidad recogida en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional comprende las conductas tipificadas como asesinato, exterminio, deportación o desplazamiento forzoso, tortura, violación), no tanto porque las bestialidades del caso las hayan cometido ellos sino porque, lo que es peor aún, actuaron como entregadores. Seguramente, llegará el momento en que el papel de Fidel será considerado el más monstruoso y abominable de la historia contemporánea debido a su componente principal la TRAICION: traición a sus compañeros de lucha, traición a la causa revolucionaria y de cambio a favor de los pueblos oprimidos no de un país o una zona sino de toda hispanolusoamérica y el Caribe, es decir, traición a los combatientes revolucionarios de todo un continente. Si bien la cantidad de muertos-asesinados-traicionados desde México hasta Argentina, incluido el Caribe, no supera a las bajas de la IIGM, lo sucedido en nuestra Patria Grande es peor aún incluso de lo que hizo Stalin en Grecia, debido a que Fidel mantuvo el sometimiento de todo un continente a la continuación del yugo anglosajón..
    Decimos al principio “fin de ciclo”. ¿Por qué? ¿De qué ciclo? Se cierra el ciclo de Fidel como entregador para el exterminio de muchísimos revolucionarios y el sojuzgamiento de Iberoamérica y el Caribe al servicio del imperio anglosajón, es decir, como entregador de la sangre, las vidas, las esperanzas revolucionarias de miles y miles de honestos luchadores –equivocados o no– que buscaban un cambio a favor de los pueblos y para cortar la dependencia del capitalismo corrupto y corruptor. Pero Fidel no solo actuó de entregador de muchísimos combatientes de toda la guerrilla del continente, como lo señaló Piñeiro, sino que es culpable directo del oprobio, cuasi esclavitud, miseria, hambre, sufrimiento, atraso, superexplotación de millones y millones de hispanolusoamericanos y caribeños durante casi medio siglo más. Creo que esto es algo en lo que hay que meditar muy profundamente. Pero decir que se cierra ese ciclo no significa que el imperio anglosajón deje de lado esa táctica o haya perdido al mejor agente que nunca haya tenido o vaya a carecer de alguien que cumpla con esa tarea horrorosa y repudiable. ¿Ya tiene el reemplazo? En realidad, pensó que lo tenía, pero todo indica que el pato le salió gallareta. O sea, por ahora parecería que no cuenta con un taimado genocida como Fidel para que le preste los servicios de este.
    Según mi análisis e investigación, el imperio anglosajón delineó y puso en práctica la “apertura democrática” de Cuba, para reemplazar su anterior papel de punto de confluencia ineludible de los grupos armados del continente –con el objeto de entregarlos después para que los aniquilen–, por el de “líder de la pacificación”. Ello tiene su motivo. Veámoslo. Al enviar el castrismo al cadalso a los movimientos revolucionarios durante casi medio siglo, también se anuló a sí mismo pues ya no tenía sentido controlar lo que dejó de existir. Por eso Cuba se llena ahora la boca de “paz”. ¿Por qué? Porque el castrismo es para el imperio una garantía de eficacia. Y entonces, como la hora actual es la hora de procesos de avanzada con masivo apoyo popular y criterios pluralistas, deja al líder cubano en el nuevo papel de “pacífico y democrático” con su aureola de revolucionario incorruptible para mejor intentar controlar todo. Por supuesto, estos procesos no son lineales, tienen sus idas y vueltas, sus contradicciones.
    ¿Significa ello que el imperio desecha el control del posible surgimiento de nuevos grupos armados? Para nada. Ya había elegido al líder en este campo, pero, como dije antes, el pato le salió gallareta. Es decir, “su elegido”, Hugo Chávez Frías, no respondió como esperaba. Por eso lo asesinan a través de “una enfermedad incurable” que intentó curarse en Cuba….. A Chávez le tocó seguir el mismo camino de Bolívar. O lo podemos decir de otra manera: por eso Fidel sigue vivo y Chávez está muerto. Los demás líderes populares del continente no hablan para nada del tema pero aparentemente lo conocen. Chávez no fue manejable, como hasta ahora no lo son, por lo que se ve, Correa, Evo Morales Lula-Dilma, Maduro y otros dirigentes caribeños. Y eso da inicio a un “nuevo juego”. Es decir, da inicio al proceso de desestabilización, a la inversa, casualmente, de lo que sucede con Cuba. De todos modos, las situaciones políticas en el planeta ya son muy distintas a las de hace medio siglo. Finalizó un ciclo. Se abre otro.
    Desde ya descuento los gritos e insultos que recibirá esta nota por parte de los castristas y sus simpatizantes. No será la primera ni la última vez que a alguien le toque jugar el papel del personaje principal de la obra “Las Manos Sucias” de Sartre.
    En cuanto al criterio con el que redacté esto, debo decir que mi intención era la de hacer el bosquejo de un cuadro a grandes brochadas, porque es evidente que los pormenores y documentación al efecto son aún muy difíciles de conseguir. Entonces, la idea es que mucha gente con datos y documentación en la materia los aporte. De ese modo, con cada nueva pincelada, trazo, tono, línea, contorno, el cuadro irá tomando una expresión acabada que abarque todo lo sucedido en ese período tan significativo para los pueblos hispanolusoamericanos y caribeños, lo cual, indiscutiblemente, le pone a la vez un enmarque a la actualidad.—
    París, 18 de Agosto de 2015.-

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s